Yimboró: textura de manos que quieren ver y ojos que quieren tocar


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Se dice que textura proviene de un vocablo latino que significa literalmente tejido. La manera en que se tejen (combinan, mezclan, vinculan) los hilos de un tejido disponen la cualidad propia de una superficie.  Por lo general, la textura se vincula al campo perceptivo de lo táctil, al tocar la superficie de un objeto nos genera una sensación táctil particular (suave, rugoso, áspero, viscoso, etc. Aquí, en Yimboró, exposición del artista Víctor Manuel Maden Morgan en la galería del Palacio de Prado, sede de la Alianza Francesa en La Habana, lo matérico es provocación al mirar y al tocar (a la fricción, a la caricia, al manoseo, y también al sonar, al repique, al golpe. Y es que Maden Morgan desanda y anda, teje y desteje, cuece y cose un modo de organización sintáctica en la manera en que se vinculan y relacionan las configuraciones o unidades texturales desde una simultaneidad tempo-espacial particular en sus obras. Él pinta, machaca, tritura, desmenuza, pulveriza y compone. Él une, junta, pega, aglutina, suelda, hornea y acopla. Va y viene. Está en todas partes y hacia todas partes va. Camina, pedalea, transpira, respira y vive. Vive en la plenitud del labrar, del obrar, del bregar, del trabajo. Está, no se detiene, no para. Sabe que no hay otro modo, en “la materia” (cuerpo, fundamento, substancia, disciplina, esencia) está el camino, la ruta, el origen del todo. Yiri Yiri Bon, Yimboró, Yimbo: pincha, pelea, arrebato, cambalache, metamorfosis. Sus trazos desbrazados, cual máscaras que revelan y esconden lo esencial, desprecian la fatiga del cuero cotidiano para asegurarnos lo cierto del vivir en carril veloz, retando al tiempo y a sus espacios.

Así, activo, dinámico, ingenioso, como los dadaístas que transfiguraban sus objets trouvés en constantes móviles in action, Morgan sabe que en Cuba se siembra la caña, se toma café, se baila el bembé, se fuma tabaco, se toma guarapo y atrás de la comparsa se va echando un pie.

Yimboró, siendo y no siendo, es testimonio del legado perdurable de influjos y apropiaciones, del toma y daca, de todas las tradiciones que acunaron a Víctor Manuel en su Cárdenas natal y, también, de esas que arman su tiempo presente. En las piezas reunidas en esta muestra, suerte de mascarada (quizás festín o jolgorio), no hay engaño, fingimiento ni hipocresía. En ellas, compartimos desde nuestros lugares más sensibles y vulnerables, desde la identidad hasta la sensualidad, atravesando el paisaje onírico de los sueños, excavando en el misterioso universo del inconsciente figurativo de rostros, ojos, nariz y labios que tal vez fueron o no lo son, la potencia de un creador cierto, vivo, de hoy, de este minuto.

¿Dónde está ese espacio compartido que percibo, pero no puedo tocar? ¿Qué miro, cuando miro? Lo matérico aquí es exploración al proceso y no imposición del resultado. Materia y textura ofrecen una visión totalizadora e integradora de la obra al tiempo que habilitan distintos niveles y canales de reflexión imaginal desde lo afectivo, morfológico, sintáctico y semántico ¿Quién soy? ¿Quiénes somos? ¿Quiénes queremos ser? (¿quiénes podemos ser?) La pregunta viene de la cuerpa y su respuesta pudiera estar en los cuerpos, en los múltiples rostros, en las (más)caras que Morgan refuncionaliza entre yute, hierro, madera, kraft añejado, pero pulcramente enmarcado y colgado con exquisito melindre sobre los impolutos blancos muros del espacio. Aquí, relacionar la textura con los diversos campos perceptivos y prácticas artísticas particulares se establecen nuevas conexiones y el concepto adquiere diferentes significados. Siendo tan propio de los ámbitos visuales y musicales, lo textural en el trabajo creativo de Víctor Manuel Maden Morgan, nos permite dinamitar los alcances de la noción del término en proposición de una posible resemantización de su significado inmediato para aplicarla al acontecimiento performático de la puesta en espacio y sonoridad galerísticos. Y aquí vuelve el “Yimboró” de la legendaria canción que figura en el catálogo del compositor Silvestre Méndez López. Tema recurrente en voces inquebrantables de nuestra cancionística, de Benny Moré a Celia Cruz, de ellos a jóvenes del momento.

Así, lo matérico y textural se presentan como conjunción de elementos disímiles desde la perspectiva de los materiales utilizados, no solo por su procedencia estética e histórica, sino desde la propia materialidad funcional de los elementos, hasta devenir escenografía, imágenes, luces y sombras, palabra, sonido y musicalidad, reminiscencia y presente. En Yimboró, la obra y su conjunto, no es solo lo que acontece como movimiento/quietud del cuadro y su enmarcado, si bien es un elemento concreto, no es lo único que la organiza. Objetos encontrados, bocetos, trabajo en atelier, iluminan y significan la perspectiva de lo textural. Condicionando un modo de ver, de observar y relacionar los materiales que componen la obra pictórica misma. Lo externo y lo interno, lo tangible y lo intangible de la imagen. De esa imagen (¿acaso imaginada?) que propone una texture óptica, captada visualmente y que nos factura como texture háptica, o sea, actuando en el sentido de la ilusión realista, dejando que el objeto visual se presente al lector-espectador como objeto manipulable.


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