Decir “Hoy no es igual que ayer” parece una verdad de Perogrullo, pero, ¿no es verdad que todo está en continuo movimiento y cambio? Sin embargo, lo que sí es permanente es la voluntad, la necesidad de los seres humanos de vencer obstáculos, de crecerse, y de crear en cada momento de acuerdo a cada circunstancia. Quizá, esta última, es una de las primerísimas razones de la existencia humana.
Hubo un Moncada, como hubo una protesta de Baraguá, una carga al machete, un desembarco en Playitas, un “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo fuerzas con qué realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”, y también hubo una Sierra Maestra, un Girón, una Campaña de Alfabetización, una universalización de la enseñanza, una Angola, una Venezuela, hubo y hay la globalización cubana de la solidaridad.
Y se tuvo todo eso porque hubo un indio Hatuey, una oleada de cimarrones anónimos, y de mambises, y de rebeldes, y un Apóstol y un Fidel, y una rebeldía innata en toda época y lugar.
Y hay, además, un: ¡No me da la gana de inclinar la cabeza! Y un ¡Aquí no se rinde nadie! a toda histórica pretensión extranjera de etílicos y peligrosos dementes de poder, de imponer su voluntad en Cuba. Para estos últimos, el desprecio, pues, como todo prepotente abusador, en el fondo, al final, son cobardes.
Del bando de los dignos; los héroes, las generaciones de héroes. Es cierto que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, pero, qué suerte que en la Madre Tierra han existido, y para suerte del “reino de este mundo”, muchos de esos granos de maíz, los hubo antes, los hay ahora y los seguirá habiendo, no importa que a veces no sean nombres conocidos, pues alcanzan la categoría de generaciones con la estirpe de la del Centenario, o la de la Crisis de Octubre, o la del Período Especial, o la de la Construcción del Socialismo.
Tampoco hace falta tener decenas de años, las circunstancias de ciertas épocas son como el carburo, hacen madurar a mujeres y hombres, les curte la piel, pero sobre todo el alma.
No, señor prepotente abusador y cobarde, no, ¡no nos da la gana!, y tenemos millones de razones en la risa de los niños cubanos, por solo citar miles de casos.
Y al decir generación, la visión tiene que ser sistémica, holista, el hombre no es una máquina, no es una suma de partes. Lo siento por usted, amigo Descartes, y gracias por sus otros aportes. El hombre, en tanto ser biopsicosocial se forma en el cotidiano, su conciencia se desarrolla en el intercambio con los otros seres humanos, y en ello, una de las importantes palabras actuales es la solidaridad, en cada momento que nos toque vivir.
Hay muchas cosas que cambiar. No por gusto Fidel dijo “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, pero hay que comprender que ello no es una mera consigna o un pensamiento romántico.
No podemos hacer de ese concepto una retórica, no lo convirtamos en un papel para colgar en la oficina. No lo reduzcamos, como pretendieron algunos en la República, a hacer del Apóstol un monumento de mármol.
El concepto de Revolución es un programa de acción a cumplir desde mucho antes de haberse escrito, y ahora hay un momento excepcional, y hay que hacerlo más temprano que tarde, y ese temprano es desde ayer.
Ahora, en las actuales circunstancias; incómodas, estresantes, molestas, es cuando hay que demostrar la estirpe, es fácil navegar a favor de la corriente.
Hoy hay que cambiar las balas por el trabajo, hay que cambiar el fusil por la denuncia constructiva, lo mismo del que sube los precios, como del corrupto o del oportunista. Hay que empujar al mediocre o al indolente, ponerlo loma abajo y si no arranca quitarle el timón y los pedales, sin compromisos paternalistas o comprometidos…, que está en juego la Patria y la eterna vida del Apóstol.
Hoy el momento es el de la solidaridad, y el ejemplo tiene que empezar por los que más lo tienen que dar, para que se multiplique más rápido. No obstante, no estar mirando al de al lado para actuar, hacer y después alertar todo lo que deba ser alertado.
Algo así sucedió ayer, sería poco después de la jornada laboral, en la parada de 3ª y 32, Miramar, hacia El Vedado, cuando un auto con las siglas FGR se detiene sin ser llamado. Una señora desde el asiento del timón se inclina por la ventanilla derecha y “subo por 30 hasta el puente Almendares, ¿alguna persona…? En la parada del ómnibus se produce un intercambio de miradas cómplices de satisfacción y al continuar el automóvil su marcha brotaron espontáneamente los comentarios agradecidos, aprobatorios, y varias anécdotas de sucesos similares ocurridos en los últimos días; y es que ese es el verdadero cubano, el cubano de cuerpo y alma.
El proyectil hoy está ahí, en la actitud, en la conducta, en la solidaridad, en la educación, en la gentileza, la amabilidad, en la búsqueda de la eficiencia, en la cultura del detalle, en la pasión por la excelencia.
No obstante, tampoco ser ingenuos, engrasemos bien los fusiles y los tanques y los aviones y… y tengamos a manos las cajas de balas.
Puede decirse que lo expresado hasta aquí podría considerarse fácil, pero lograrlo es más complejo, y es tarea común. La educación es palabra de orden, la de todos, la del sistema educativo, la social y la individual. Y hay que comprender que no se puede esperar a terminar la secundaria o el pre, o el curso tal o más cual, estamos ante la carrera de la vida y de esa disciplina hay que graduarse en la calle ya, todos los días. Hay que redireccionar el proceso y acelerarlo, hacerlo más humanista, más socialista.
A la búsqueda de privilegios, de vida cómoda o semiburguesa, sin importar el prójimo, hay que sobreponerle los mejores valores humanos, esos que desde las diferentes religiones o desde el materialismo histórico se propugnan.
Hace años le oí decir a un amigo mío, gustoso de la estadística, que los resultados dependían de la calidad de los datos introducidos. Él decía que si se introducían “buenos” datos, el producto sería “bueno”, pero si se introducía “lo contrario”, los resultados serían “un desastre”, no importaba que se hubiese utilizado el modelo más complejo y el algoritmo más avanzado.
Entonces, por “carácter transitivo”, si la educación recibida, si lo intersubjetivo que se internaliza por los hombres son conductas y pensamientos de egoísmo, de individualismo, de prepotencia, de narcisismo, de abuso de la fuerza, de desprecio al otro, y otro grupo de valores negativos, lo que se reproducirá en el individuo serán esos antivalores y a ellos hay que enviarlos al “agujero negro” de la historia.
Esas imágenes de unos pocos viviendo en casitas blanquitas del barrio alto, todas hechas de “resipol” (u otra material moderno), como nos cantara otro bravo latinoamericano, Víctor Jara. Ese hombre, convertido en símbolo, lo que le importó fue de qué lado estaba el deber. Un ejemplo de quien prefirió quedarse con la estrella que ilumina y mata, esa que lleva la boina del paradigma del mundo, el Che.
Mientras otros duermen en paja caliente, humillándose por las dádivas del “gigante de las siete leguas”. Esos donde funciona el muelle entre el mentón y la base del cuello para siempre asentir ante el poderoso, no importa si “lo traen de afuera o se cosecha aquí”.
Estamos ante “la hora de los hornos” y no ha deberse más que luz, la luz de la de lucha y la confianza que un mundo mejor es posible. La luz de muchos valientes y muchos hombres con decoro, y muchos hombres sabios. En el mundo existen los Simón Bolívar, los Patricio Lumumba, los Antonio José de Sucre, los Bartolomé Masó, los Quintín Banderas, los Félix Varela, los José de la Luz y Caballero, los Antonio Maceo, los José Martí, los Fidel, en el pueblo hay muchos Camilos.
Esto de hoy, de ahora, es el Moncada de esta época, y no es menos heroico lo actual. Recuerdo, hace muchos años, un discurso de Fidel que decía que después del triunfo de la rebelión todo posiblemente sería mucho más difícil.
Los aspectos económicos e ideológicos están interconectados. La conciencia del ahorro, de la eficiencia y la eficacia, del control de los recursos, del altruismo, de la solidaridad, de la fidelidad a los héroes y a la Patria, de la denuncia oportuna en tiempo, forma y lugar, valiente, es el viaje en el Granma de ahora. Cuando la carga al machete, el Moncada, la clandestinidad y la Sierra se arriesgaba la vida, ahora en el peor de los casos se arriesgan el puesto y sus condiciones. ¿No vale la pena?
Es asunto de tomar partido, yugo o estrella. Es un ajiaco de tozudez, de laboriosidad y de rebeldía, es la herencia de nuestros ancestros, es el patrimonio de lo histórico cultural que ha hecho lo que somos.
En el quehacer cotidiano del cubano, no es tiempo, aunque se basen en realidades, de quejas estériles, a veces ingenuas, inmaduras, y a veces malintencionadas por débiles de espíritu o camaleones. Es tiempo, en primer lugar, de hacer y de denunciar lo que deba ser cambiado, denunciar la desidia, la corrupción, el abuso y de darnos la mano para subir o bajar en este contén de la vida.
A leer sobre las intervenciones de diferentes personalidades políticas, religiosas, científicas, en general humanistas, durante la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Bolivia en 2010, se apreciaban importantes y brillantes discursos por la defensa de la Pachamama, en lucha contra el cambio climático y en definitiva, la esencia de los males del mundo.
Uno de esos discursos fue dictado por Frei Betto, ilustre humanista, defensor de movimientos sociales y fraile dominico brasileño, teólogo de la liberación, el cual argumentaba:
“Mucha gente habla del fracaso del socialismo en Europa, y yo me espanto porque la gente no habla del fracaso del capitalismo en el mundo”.
Y yo, desde hace tiempo pienso, ya que vengo escuchando al caminar a buscar el pan, ir al agro o esperar una guagua, esas quejas que no conducen a nada, a veces despectivas con respecto al propio país, en las cuales hay desprecio en las palabras y no ven otra cosa, todo es malo. Parecería que tienen puestas orejeras permanentes, a veces por ingenuidad, pero otras veces por el deseo de quebrar las once varillas del haz del escudo; pero olvidan que están unidas por una cinta roja cruzada en equis que significa la unión de todos los cubanos, que es la que da la fuerza.
Es cierto, hay diversos aspectos que rectificar por la falta de una adecuada dirección y administración de los procesos, o de servicios, por la falta de valores o de profesionalidad, entre otras cosas, y que la culpa es nuestra, no del país que nos vio nacer, que nos hizo hombres y mujeres, que nos dio y nos da educación y salud, que, además, no es lo único que nos da. Es cierto que hay que exigir desde el civismo, desde la tribuna revolucionaria el buen servicio, el peso adecuado del producto, la profesionalidad requerida, y otras cosas más, pero conjuntamente hay que hacer. Si se quiere cambiar algo hay que empezar por uno mismo.
También algunos de los malos ejemplos son importados, introducidos como una especie foránea, son ambiciones y modos de vida que invitan desde muchas películas donde lo que se destaca, directo o subliminal, son carros y casas de lujo, conductas de pocos valores, del superhéroe, de la ambición, de la violencia, que es el paradigma que pretenden poner en nuestra cabeza, como si fuera nuestro y en alguno lo logran.
Tampoco la lucha es solo material, la guerra que se nos hace desde aparentes películas o noticias“inocentes” es de pensamiento, entonces, sin ingenuidades, fortalezcamos el pensamiento, para que la manipulación no surta efecto.
Exijamos sin cansancio que se hagan las cosas bien hechas, que se haga socialismo, pues lo que no es eficiente no lo es, y en el empeño tomémonos de la mano y con inteligencia globalizar la lucha como dijera Edelvina Masioni, representante latinoamericana a la mencionada cita boliviana y para globalizar la solidaridad,un principio que también dicta la doctrina social de la iglesia católica.
Y, alguna que otra vez,daría gusto escuchar, sin miedo, hablando fuerte, que no es pecado o si lo fuese se perdonaría en este caso, cuando en la calle uno blasfeme de los actos inmorales, inhumanos y cobardes del mundo de Trump y de las toxinas que emergen del Té añejo del Fundamentalismo acérrimo.
¿Quiénes son ustedes para decidir lo que se hace en mi casa, o en la casa del vecino que tampoco es suya?¿con que derecho legal y moral separan a niños de padres, bloquean países, les niegan medicinas, tiran bombas o asesinan presidentes, matan civiles, niños, ¡caramba! inocentes, atropellan, ahogan a pueblos.
No sean cínicos. ¡Basta!
Y, sepan señoritos imperialistas: ¡No nos da la gana! y ¡Aquí no se rinde nadie!


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