Lo mío no es tuyo, declara Irreverencia Producciones


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Sobre 1943 aparece un registro acerca de la presentación en Cuba del monólogo Antes del desayuno, del dramaturgo norteamericano Eugene O’Neill. Luego subiría a escena en varias ocasiones, generalmente en un programa que incluía otra pieza corta. Pero tras la presentación en las tablas de Teatro Estudio en 1984, escasas veces regresó a la escena cubana.

Como conocen los versados en la historia del teatro norteamericano contemporáneo fue precisamente la dramaturgia de O’Neill quien cambió el rumbo de aquel teatro, mediocre hasta allí en opinión de los críticos e historiadores de arte, y, junto a otros artistas que se darían a conocer en la misma época, aportó una escena vital y contradictoria, con los ricos matices y características de su época y su nación.

Regresa de cierto modo el mencionado monólogo a la escena cubana actual, solo que ahora lo hace como referente, como partitura principal de fondo sobre la cual se realizan las variaciones propias de nuestro tiempo, sobre todo cuando son animadas por un pensamiento de Género.

Es esto lo que ha realizado Eva González e Irreverencia Producciones en un minucioso laboreo sobre la escena, durante varios meses de intensa faena, donde se establece un inteligente y cuidadoso contrapunteo con la situación, personajes e historia de la obra original.

El discurso dramático de ahora está consciente de esa naturalización de la subestimación, el abuso y la violencia de toda índole que durante siglos hemos resistido las mujeres, por lo tanto el personaje femenino ha sido construido con una absoluta lucidez acerca del tipo de diálogo emocional e intelectual que a través de él se busca abrir con el espectador. No por casualidad en estos mismos días aparece en uno de los icónicos diarios de Occidente la entrevista con la joven Rahaf Mohammed, quien en 2018, cuando contaba con dieciocho años, logró escapar de un ambiente de absoluto desprecio y brutal violencia familiar y social en su país de origen y refugiarse en Canadá gracias a Twitter y la movilización social que su caso provocó en las redes.  

Los pivotes de la trama original se mantienen: un marido (Alfredo) que ha hecho una cierta carrera literaria, más celebrada en lo simbólico y con poca significación financiera; una esposa que responde por la economía y la organización de la vida de la pareja a partir de un oscuro trabajo de oficina, y un suceso, nada nuevo, pero que parece colmar la copa, que delata esa otra vida amorosa de Alfredo que se sustenta en su aire de intelectual y su “carrera” de escritor. Dicho evento toma, en esta puesta, un lugar de mayor realce a partir de los cambios tecnológicos, no se trata de una discreta nota sino de reiteradas llamadas y mensajes al móvil del marido mientras aquel remolonea en la cama, precisamente en esa corta etapa de tiempo antes del desayuno.

Sin embargo, aquí, a diferencia de lo concebido por O’Neill, el personaje femenino, ahora sin nombre preciso, crece, cambia ante nuestros ojos durante el transcurso de la pieza. Y es que lo que, en el fondo, esta versión del monólogo discute –bajo este título tan sencillo y popular--  resulta inintercambiable y absolutamente propio y personal.

A diferencia de la Sra. Rowland, aquella esposa de la pieza original, al interior de la mujer que tenemos ante nosotros se va produciendo una curiosa toma de conciencia que se expresa en la reconstrucción de su aspecto externo. De un ente que, al amanecer, nos muestra los resultados de la mala noche y la resaca, con el maquillaje corrido, el pelo revuelto, la ropa de dormir desaliñada, repetidora de exhortaciones y órdenes para que su marido se incorpore y vaya a buscar un trabajo que les permita no vivir al borde del desalojo, va resultando paulatinamente, con una mesurada cadena de acciones, una mujer que borra todos estos signos y construye una figura discretamente atildada y coherente que toma la seria determinación de cambiar su vida tras un ejercicio de elevación de su autoestima y la convicción de que tiene sobradas pruebas de su potencial para tener un prometedor futuro profesional. A estas alturas, apenas con alusiones y determinadas señales la actriz ha creado una interesante complicidad con la breve platea de solo once asientos que por su número, naturaleza y disposición nos provoca la sensación de estar en casa. El ámbito de cocina-comedor aforado en blanco donde se desarrolla la mayor parte de la acción escénica se abre hacia nosotros, sus espectadores, como parte de un teatro familiar.

Sobre Eva González es útil decir que nació en Madrid, España, desarrolló allí sus estudios básicos en Danza (Licenciada en Danza Clásica) y Actuación (Laboratorio Teatral William Layton), además de Pedagogía y Producción Audiovisual, antes de emprender un recorrido por nuestra región y decidir radicarse en La Habana y, un tiempo después, conocido el medio escénico de la capital y su sistema de funcionamiento, crear su propio espacio de acción y presentaciones en su casa a partir del Kfé Irreverente y el Teatro Irreverente como zonas precisas de labor de Irreverencia Producciones.

En su catálogo escénico se incluyen performances, además de las puestas en escena de Salomé o ¡La candela!, un texto de la propia Eva; El diccionario (sobre la obra del dramaturgo Manuel Calzada, acreedor del Premio Nacional de Teatro en España), una serie de breves audiovisuales teatrales producidos y presentados durante los años de la pandemia y, ahora, este monólogo que recién comienza su trayecto frente a los públicos.

Lo mío no es tuyo entreteje, además, orgánicamente audiovisual y teatro. El primero nos plantea  la premisa de la historia que veremos a continuación y se disfruta – mucho más por quienes dispongan de los referentes culturales-- por la excelente selección y creadora edición de imágenes, en un discurso que incorpora las diversas expresiones del humor incluyendo la sátira, la parodia y el gag. El segundo reafirma la calidad actoral de la intérprete, también directora de la puesta, y su capacidad de relacionarse con los públicos realzando siempre esa condición de hecho vivo de comunicación artística del teatro.

Le sugiero no demorar en reservar su espacio por teléfono para cualquiera de las próximas funciones. Siempre domingo y lunes a las 7.00 p.m. Disfrutará de una experiencia teatral muy particular.


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