Juan Carlos Tabío: un triste adiós para el cine cubano


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Una triste pérdida para el cine cubano trajo el lunes 18 de enero, con la partida física de uno de los más destacados exponentes de la filmografía de la isla: Juan Carlos Tabío. La muerte le llegó en la madrugada de este lunes, dejando un profundo dolor en familiares, amigos, compañeros de trabajo y el gran  público que conquistó con la pasión y constancia con la creó numerosos filmes que quedarán en la memoria colectiva de muchos cubanos.

Nacido en 1943, Tabío se nutrió de experiencias y la sabia de grandes maestros del séptimo arte para apoderarse de una técnica y una manera de contar la realidad a través del cine, que lo hizo reconocible en el panorama cinematográfico de la Isla que le vio nacer y fuera de nuestras fronteras.

Considerado por muchos especialistas como uno de los mejores hacedores de humor cinematográfico en Cuba, Tabío se destacó en diversos géneros y medios expresivos. Comenzó a trabajar en el ICAIC como asistente de producción y dirección, a principios de los años 60, y de 1963 datan sus primeros cortometrajes y documentales, Peligro y Combo universitario, filmados cuando solo tenía 20 años.

Con el paso de los años, su autenticidad y manera de crear, le merecieron no solo el reconocimiento del público, sino también de la crítica especializada. Encontró en el humor cinematográfico una vía de canalizar ideas, y por ahí dio rienda a la imaginación, tras largos procesos de búsqueda e investigación para dar a luz a proyectos cinematográficos como Lista de espera (2000) y El cuerno de la abundancia (2008). 

Fue él, uno de los pocos cineastas cubanos que antes y después de consagrarse en el largometraje de ficción realizó cortometrajes de ficción, como Dolly back (1986) y La entrevista (1987). Entre sus cortos de ficción destaca La cadena (1978), que ponía de manifiesto un tejido de ineficiencias e irresponsabilidades desde un humor crítico y satírico que heredaba lo mejor del choteo cubano.

La calidad de su obra y el estilo particular que le impregnó a cada una de ellas, se evidencia en numerosas cintas que sobresalen cuando se repasa la filmografía cubana de la segunda mitad del siglo XX y los inicios de la nueva era que vivimos. Resaltan así producciones como Se permuta (1985), obra clásica en el género de la comedia, distinguida además con la actuación de la vedette de Cuba Rosita Fornés, Plaff (1988), u otras que llevan su sello de conjunto con el gran Tomás Gutiérrez Alea como  Fresa y chocolate (1993) y Guantanamera (1995).

Otras cintas más recientes como Lista de espera (2000) y El cuerno de la abundancia (2008) llevan también el sello de su autoría. 

Su pasión, entrega y constancia al desarrollo del séptimo arte en la isla, le mereció numerosos reconocimientos en el panorama audiovisual y en la cultura en general, y en  el año 2014,  le fue conferido el Premio Nacional de Cine. 

Su partida física deja un profundo dolor en quienes lo conocieron y admiraron  la obra de este gran hombre que sentó pautas en el panorama cinematográfico de su país. 

 


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