Fronteras de… Danza


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Irazú. 80 x 60 cm. Expo "Escenografías" de Landy Mesis, quien hace ya algunos Festivales nos tiene acostumbrados a disfrutar un conjunto de obras originales que llegan desde la cerámica, más específicamente en la técnica del trencadis.

Las artes, durante los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana danzan todas juntas, porque como ninguna otra, esta que protagoniza ahora las historias hasta el 7 de noviembre respira, en plural, con el resto. Una de ellas se le acerca y coquetea desde la escena: las artes plásticas. Por eso, durante la cita del movimiento ocupa posiciones en diferentes espacios de la ciudad como ninguna otra con fotografías, pinturas, dibujos, diseños, cerámicas...

Entre las disímiles exposiciones sembradas en estos días, destaca la del artista Josep Guindo (Terrassa, España, 1958), que bajo el título de La esencia del gesto, ocupa ahora los salones del vestíbulo de la sala Covarrubias, del teatro Nacional, en la Plaza de la Revolución.

Hace un tiempo, no lejano, Josep Guindo descubrió un nuevo amor en su vida. Desde entonces se les ve siempre juntos… Porque la vida nos da, a veces sorpresas, y llega a nosotros algo que ronda por el tiempo y el espacio, y no sabemos que está, hasta que de pronto, aparece, nos encandila el corazón, nos atrapa y hace sentir que estamos vivos, que siempre hay puertas que se abren para ver el sol… La fotografía llegó un día a su vida que ya estaba diseñada por otra profesión. El cardiólogo que es, sintió la necesidad de atrapar el tiempo, el movimiento, la belleza para congelarlos en un instante y luego disfrutarlo en la intimidad, con el fin de recordar lo que fue. Desde entonces andan juntos los tres por el mundo: Guindo, la medicina y la fotografía.

A Cuba vino hace dos años atraído por ese imán que es el Festival Internacional de Ballet de La Habana, con un conjunto de imágenes —como equipaje—, de una obra que llena teatros desde hace décadas y décadas: El lago de los cisnes. Así conocimos al artista que alcanza la fotografía por intuición. Hay algo en los adentros que lo llama, le grita  en el instante preciso, una mancomunión de destreza, lirismo, precisión, sueños, sed, deseos de…, que le hace enfocar lo que busca y apretar el obturador sobre la “presa” anhelada para alcanzar su precioso trofeo de la realidad, y dejarlo como huella de lo que fue para la eternidad. ¿Qué  hay más cercano al movimiento, arte mediante, que la danza, el ballet? O el circo, con todo aquello que suma de ¿emoción y peligro? En esas cuerdas se mueve su lente, son protagonistas de sus historias, y ha logrado, en poco tiempo, conmover las almas, y las miradas del espectador. En Cuba, ha sido, por demás, jurado del Premio de la Imagen, del Festival Circuba 2014.

En ocasión del 24. Festival trae recuerdos de una obra, ya emblemática en la historia danzaría cubana: Giselle, esa en la que Alicia desbordó todos sus sueños e inició una carrera indetenible que sigue aún. Con motivo de un homenaje, en la Maestranza de Sevilla, a la Maestra por sus 70 años del debut en el célebre ballet, Josep Guindo volvió a captar el instante y nos lo trae para disfrutar. Una selección de interesantes instantáneas del Ballet Nacional de Cuba (BNC) en la mágica noche, en la que brillaron particularmente dos figuras cimeras de nuestra danza, continuadoras de la hazaña sembrada en la pequeña Isla caribeña: Anette Delgado/ Dani Hernández  recupera con el lente para vivir nuevamente. Con una retina obstinadamente fresca, pronta siempre a impresionarse, con lo que ello supone de retención y olvido, ante la sustancia de lo visto y vivido, nos convoca aquí de manera sustancial a volver a sentir los momentos, desde el silencio de fotos que son improntas, estelas que marcan los pasos de una compañía, gloria de un pueblo.

Son 40 fotografías singulares, repletas de vida y acción que él atrapa en ese instante prodigioso en que el movimiento y el gesto se transforman en danza pura. Guindo ha caído en la red, en el embrujo subyugante de un arte, y lo ha perseguido con ojos múltiples y atentos captando la esencia del decir. Mago, pues, de la vida que se congela de pronto en estas imágenes para seguir sintiendo el latido del tiempo y sus protagonistas, que hoy nos los devuelve más allá de la escena como un diálogo del creador con sus dioses internos que afloran de nuevo en este Festival.

Escenografías cerámicas

Hace ya algunos Festivales, el joven creador Landy Mesis nos tiene acostumbrados a disfrutar un conjunto de obras originales que llegan desde la cerámica, más específicamente en la técnica del trencadis. Un original modo de ornamentación, llegado desde Europa, a principios del pasado siglo, que marcó la arquitectura de Barcelona, cuando Antoni Gaudi, importante artista del Art Nouveau, motivó a Josep María Jujol, a aplicar fragmentos de las baldosas de cerámica esmaltada en diversas fachadas de edificios, hoy emblemáticos de la ciudad Condal. Un novedoso efecto de luz/colorido  alcanzaron las construcciones que han mantenido su vigencia en el tiempo, y es utilizado como un enérgico instrumento cercano a variadas tendencias en las artes plásticas.

Con la técnica del trencadis, Landy Mesis se acercó a la danza, a sus protagonistas y obras para dejar sus originales huellas. Alicia, sus gestos y bailes, quedaron plasmados en muestras anteriores como Alicia Alonso: entre pirouettes de la memoria, mientras que la joven directora y bailarina Irene Rodríguez vibró con su inusitado baile en La pasión según Irene. La danza cobra vida en el volumen, y los ademanes de los bailarines brillan como en la escena, con esa manera de trabajar que se acerca a lo real, le da cuerpo en el barro pulido, y refleja como en un espejo, el alma de los que están “retratados” por la genuina mano del creador (La Habana, 1984), autodidacta en estas cuestiones del arte.

En la actual exposición denominada Escenografías, que respira en el vestíbulo alto de la sala Avellaneda, del teatro Nacional (Plaza de la Revolución), el público podrá apreciar la “traducción” que de los dibujos de diseños de ballets como El amor brujo, El lago de los cisnes, Electra Garrigó, Irazú y Shakespeare y sus máscaras, de Ricardo Reymena, así como Giselle, de Salvador Fernández, realiza el joven artista para dejar constancia de esos sueños escénicos que vibran también, más allá de los escenarios.   

 

En buenas manos, el ballet     

Tres fotógrafos: Nancy Reyes, Luis Alberto Alonso y como invitada Marlene Pérez firman las imágenes, que los asistentes a la sala Avellaneda del teatro Nacional pueden disfrutar en las paredes del vestíbulo de la platea de esa institución, sede principal del 24. Festival Internacional de Ballet de La Habana, bajo el sugestivo título de: En buenas manos, el ballet

De entre los disímiles atributos que el bailarín exhibe en sus actuaciones, las manos son medio primordial del lenguaje danzario, porque desde el silencio de la danza, sin palabras, constituyen el eje conductor de su decir en la escena. De ahí que Nancy Reyes, una verdadera especialista en la materia en cuestión (ballet), y desde su butaca del lado del aplauso, acompañando hace varios lustros el quehacer del BNC, enfoque esa parte del cuerpo humano en sus imágenes.

Pero qué decir de las manos de Alicia, que son la voz, el alma de tantos personajes cuando baila en la escena, el vínculo con el exterior de los seres que encarna y a los cuales presta su piel en el efímero instante de maravillar al público siendo el cuerpo de otra persona… Allí están congeladas sus manos de ahora que exhalan también enseñanzas, experiencias, dictados a las nuevas generaciones que continúan la obra de sus predecesores. Esas manos que fueron alas, ternura, pasión, fuerza, sueños…Que pertenecen a Carmen, Giselle, Dido, Yocasta, Kitri, y a tantos otros personajes vestidos en el tiempo, Nancy las enfoca de manera lírica para recordar y hacernos sentir que son parte viva de la leyenda. Mientras que el joven Luis Alberto Alonso recorre la escena con su lente y “atrapa” instantes valederos, encierra en la imagen el movimiento, nos trae recuerdos, y distingue también las manos, protagonistas de estas historias que como un regalo del 24. Festival testimonian a los intérpretes que viven entre poesía, realidad y  el tiempo fugaz en que respiran desde otras vidas para hacernos soñar.

Muchas más exposiciones corren por diversas instituciones: Shakespeare a través del lente, del juvenil creador cubano Javier Nuñez Castiilo, y Coreografías, del español Pepe Artal (teatro Mella); La geometría de los cuerpos, de Pilar Rubí (Bolivia), en el teatro Karl Marx; El arte se nutre del arte, pinturas de Miguel Ángel Quintana, en la galería Fresa y Chocolate (calle 23, entre 10 y 12, Vedado); Jirones de Danza, muestra colectiva de profesores y estudiantes de la Academia San Alejandro, y Retrato de la Escuela Cubana de Ballet, de la norteamericana Rebekah Bowman, en el Memorial José Martí. Todas ellas muestran, desde variadas aristas, la magia de la danza que corre por La Habana en estas jornadas de Festival.


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