Era un mundo todo plagado de guerras, hambre, miseria y desigualdades. El cuerpo humano estaba corroído de imperfecciones por todos los poros; de pies a cabeza. El término familia se descomponía y extinguía. La razón de ser del ser humano era ser deshumano.
Olofin estaba preocupado.
– ¿A dónde irá a parar el mundo y sus circunstancias?, se preguntaba.
Obatalá, a quien se le había encargado la formación de la mente humana; triste y decepcionado se fue a visitar a Olofin para consultar y conversar.
– Tú, Olupilese, supremo arquitecto del destino. Tú, Olumonoko, el que conoce los corazones. Tú, Ariwuarejin, conocedor del pasado y el futuro, ante tanta barbarie dinos Kiní onfé (qué hacer).
Olofin y Obatalá, después de mucho meditar y reflexionar, decidieron que no había tiempo para sentarse a la mesa. Era tiempo donde todo repercutía, hasta la muerte de una hormiga. Había que buscar el camino recto para hallar una solución. Después de mucho babinué (conversar), llegaron a una conclusión: mandar a buscar a Shangó lufina.
El dueño de las cabezas, evitando la luz de Olorun, salió a caminar y se encontró con Orunmila, a quien le contó lo acordado con Olofin. Mientras conversaban, a Orunmila se le cayó el ekuele que llevaba en el bolsillo, saliendo el signo de Ogbe Ogunda: Donde nació la unificación de los seres humanos, del mundo y de la familia.
Orunmila le dijo a Obatalá:
– Aquí los omó pueden aprovechar para su bienestar, sus naturales capacidades espirituales, intelectuales y manuales, pero tendrán que conducirse con rigor, transparencia y honestidad. Deben aprender a controlar sus impulsos violentos, pero no solo hay que buscar a Shangó lufina, también hay que procurar a Ogún arere.
Ogún arere y Shangó lufina vivían uno frente al otro, cada cual en tierras separadas y a pesar de lo cercano que estaban apenas se comunicaban.
Ocurrió que cuando ambos vieron a las deidades que se acercaban, salieron corriendo a su encuentro y sin percatarse, tropezaron y cayeron unidos en un solo abrazo.
– Así como ustedes se han unido en un abrazo, queremos ver unido a nuestro Ayé (mundo), dijeron Obatalá y Orunmila quienes llegaban en ese momento, Olofin no vive tranquilo por tanto quebranto y desunión en la tierra y en la familia.
Shangó, al escuchar estas palabras no tardó en responder:
– El mundo duro loaso (parece derecho), pero está al revés. El Ayé está foyute, foyute (jodido, jodido). Ogún y yo trabajaremos para arreglarlo, pero no se hagan ilusiones, hay que tener mucha paciencia. Mientras el mundo sea mundo, habrá ladrones, envidiosos, guerras y ambiciones.
Todos juntos salieron para la casa de Olofin por el camino de la esperanza. Mientras caminaban, Obatalá recogía un poco de tierra de diferentes lugares. Orunmila le dijo:
– Falta algo, y diciendo esto se apoderó de un gallo blanco que en ese instante pasaba. Cuando llegaron donde estaba Olofin Orunmila, se sentó e hizo ebó.
Después que Ogún arere y Shangó lufina se comieron el akuko funfun, contentos salieron para cumplir con la misión asignada por Olofin. Lo primero era lograr el entendimiento entre los humanos que, aunque no fueran iguales, respetaran sus diferencias; que no existiera la mentira ni la maldad, que nadie fuera gandido, porque el gandido agranda el vientre y achica su cabeza; acabar con los olé (ladrones), fufuseles (mentirosos), ofunilara (envidiosos), ensóro (chismosos) e iboyú (descarados).
Era una tarea larga y difícil, compleja y casi imposible de alcanzar, pero con paciencia y luego de mucho trabajar y hablar, Ogún con su fuerza y Shangó con su palabra, lograron establecer cierto orden en el Ayé.
Ellos regresaron donde estaban Olofin, Obatalá y Orunmila, y por el camino iban cantando: “omo leleriono omo leleri, omo leleri Olofin laroye oba kana kana layebo.”
Una vez ante Olofin dijeron:
– Babá, nosotros hemos hecho lo que hemos podido hacer para tratar de lograr que unos y otros se entiendan y se comprendan.
Olofin dijo:
– To Iban Eshu (todo está bien, que la paz no sea alterada), confiemos en que fetilatoke (que todo salga bien). A partir de ahora, siempre que sea necesario hacer algo mío, ustedes trabajarán juntos.
Aquí nace la unificación de las tierras y de los seres humanos.


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