Concierto de sorpresas


concierto-de-sorpresas
Foto: Ariel Cecilio Lemus.

Un estreno novedoso/dinámico/atractivo, humor, ballet clásico, contemporáneo, figuras reconocidas internacionalmente en el universo danzario, calidad estética y de baile… La del sábado, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” en este 26. Festival, fue una noche plagada de sorpresas que llegaron desde diversas dimensiones artísticas.

La primera solista del Ballet Nacional de Cuba, Ely Regina, vestida nuevamente de coreógrafa, volvió a sorprender con su “garra” creativa, esta vez buscando en escena La forma del rojo.

Nuevamente tenemos que referirnos a la labor de esta joven que nos ha regalado ya varias sorpresas creativas. Aquí vierte un vocabulario expresivo interesante, así como unos intérpretes idóneos: Dani Hernández, Patricia Santamarina y Daniela Gómez, junto al cuerpo de baile. Mínima escenografía: vestidos rojos que cuelgan de lo alto y esas ideas, imágenes, sentimientos..., cruzando por las tablas y enfocando ese color sanguíneo, sinónimo de fuerza, pasión, que influye también en el devenir/decir de esta pieza abstracta. Emergen imaginación y creatividad en un lenguaje que echa mano de los gestos más simples y de las más elaboradas actitudes. Ella lo toca todo con la interiorización del mensaje estético y la densidad de los sentimientos. En esta obra reúne técnicas y capacidades expresivas que se nutren del ballet clásico y la danza contemporánea, acompañadas por una adecuada música (Ezio Bosso) y un diseño de luces certero (Ruddy Artiles y la propia Regina).

La forma del rojo que nos propone la autora es danza, teatro sin palabras, expresión corporal al servicio de ideas rectoras que, evidentemente calaron primero en la autora, luego en los bailarines, y ahora llegan palpitantes a nosotros. Una suerte disfrutar esta entrega.

En esta variada jornada, María Kochetkova (Ballet de Noruega)/Joaquín de Luz (New York City Ballet), ofrecieron una clase de estilo, buen gusto y técnica en el pas de deux del segundo acto de Giselle, largamente ovacionado. Después, ella regresaría arropada, en una pieza de corte más contemporáneo, junto con Sebastian Kloborg en At the end of the day.

Rasta Thomas (Estados Unidos) comunicó sus Phrases, coreografía de Roger C. Jeffrey, de la mano de un lenguaje ecléctico, donde reúne en un todo la danza en plural: clásico, contemporáneo, pantomima, gimnasia…, muy bien recibido por el auditorio. Mientras que el cohesionado dúo de la venezolana Karina González y el cubano Carlos Quenedit, integrantes del Houston Ballet, dejaron al público deseoso de prolongar los breves, pero mágicos instantes de su paso por la escena en Romeo y Julieta, de Kenneth MacMillan, que “bordaron” la dinámica del atractivo montaje del pas de deux, con su ágil y desenfadado quehacer escénico.

Los cubanos Arian Molina/ Dayesi Torriente, representando al Ballet de Pensilvania, animaron la noche con Volver, de Telmo Moreira y música de Piazzolla donde el ritmo/acción, regresó —tango mediante— en lenguaje contemporáneo para atraer una de las más fuertes ovaciones.

La flauta mágica, comedia-ballet en un acto de Alicia Alonso, inspirada en la obra homónima de Lev Ivanov, cerró la jornada. Signos vitales de la puesta lo constituyó, en primer lugar el desenvolvimiento de los protagonistas: Ginett Moncho, espléndida como Elisa, paseó la escena con mucha seguridad en giros, largos balances, y una interpretación de alto vuelo acompañada por el novel Adrián Sánchez como Lucas, que hizo una loable faena en primer lugar como diestro acompañante, y luego como bailarín, donde aun puede dar mucho más, sobre todo en la parte técnica, y particularmente buscando más el centro en los giros, y matizar la interpretación, pues tiene condiciones de sobra para brillar en las tablas. Yansiel Pujada convenció, con creces, en el Marqués, al que dotó de una desbordante hilaridad que atrapó al público con sus dotes histriónicas, cuerda por las que paseó también el novel Diego Tápanes, en el lacayo. Adonis Corveas/ Mercedes Piedra, perfectos en los padres de Elisa, así como el simpático juez (Christopher Vázquez. Mención aparte merece el Oberón, genio del bosque, de Rafael Quenedit, por su elegancia en los gestos, desenvolvimiento escénico, baile y su clase, en el sutil personaje. También extensivo  a la Orquesta Sinfínica del GTH “Alicia Alonso”, que conducida por el maestro Giovanni Duarte, interpretó con tino la partitura de Drigo.

ESPLÉNDIDA GISELLE EN EL TEATRO NACIONAL

Compañías y estrellas brillan en el 26. Festival Internacional de Ballet de La Habana "Alicia Alonso", unos con más intensidad que otros.

Dos actos del clásico, que serán recordados largo tiempo por la personal manera de enfrentarlo, no exenta de momentos altos en el baile, regalaron los bailarines principales del American Ballet Theatre (Estados Unidos) Hee Seo/ Corin Stearns, quienes asumieron los roles protagónicos de Giselle/ Albrecht, en la obra cumbre del Romanticismo que por estos días cobra vida en la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba.

El encantamiento que logran transmitir con su apropiación del espíritu de la danza, la limpieza/desenfado de los movimientos, y la personal interiorización de lo vivido en escena, se fundieron como un todo en las tablas. Ella, con una fluidez escénica, espléndida técnica y la precisión de los gestos ofreció un desempeño espontáneo, grácil, cual joven enamorada…, capaz de establecer una rápida comunicación con el público. El, bailarín provisto de esa honestidad profesional capaz de estremecer con su personalidad escénica, fue un sobresaliente Albrecht con un dominio técnico de altura, para juntos entregarse de lleno en la difícil obra. La reina de las willis de Claudia García, llenó la escena con un brillo particular, mientras que el Hilarión, de Javier Torres, un bailarín reconocido y de clase, se observó algo “amarrado” en cuanto a expresión corporal en el primer acto, trabajo que fue creciendo  a medida que se internaba en la pieza, para poner el drama en acción. La Bertha, de Yillian Pacheco convenció, y Chavela Riera iluminó, con su hermosa presencia la Bathilde. Otra vez, el cuerpo de baile arrancó las más fuertes ovaciones con su labor, hilvanada con precisión/estilo, para llegar con fuerza a los espectadores.

Muy bien sonó la hermosa música de Adolphe Adams, en la  Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro Giovanni Duarte. Otro regalo del 26. Festival Internacional de Ballet de La Habana “Alicia Alonso”, que el martes baja el telón.


0 comentarios

Deje un comentario



v5.1 ©2019
Desarrollado por Cubarte