Jueves, 09 de Septiembre, 2010
Canales Temáticos
Noticias
Letra con filo
Opinión
Cara a Cara
Acerca de
Otros medios
OPINIÓN
ampliar
|
disminuir
Alberto Yarini: leyenda y misterio de un proxeneta
Autor: Graziella Pogolotti | Fuente: CUBARTE | 17 de Julio 2009

Entre mis más remotos recuerdos aparece el nombre de Alberto Yarini. Los mayores lo mencionaban con una sonrisa pícara que no dejaba de despertar mi curiosidad. Supe poco a poco que se trataba de un famoso proxeneta, muerto en riña por sus rivales franceses en el barrio de San Isidro. De elegancia suprema, ofrecía la singular imagen de un chulo aristocrático cabalgando por la ciudad. Luego, Carlos Felipe convirtió la leyenda en mito. Con su célebre Réquiem, vistió de aliento trágico la muerte anunciada del héroe de una Habana nocturna y marginal, obsesión recurrente en el también autor de El chino. Sin embargo, con su puesta en escena en ocasión del estreno de la obra, la directora Gilda Hernández ofreció una perspectiva bien diferente. El enfoque realista mostraba al personaje en calzoncillos – encarnado por Helmo Hernández – en un sórdido entorno. El punto de vista acentuaba  los referentes sociales, desde un telón de boca donde se proyectaban las esquelas mortuorias de la familia de sonoros apellidos y la del Partido Conservador, suscrita por generales y comandantes del Ejercito Libertador, así como por connotados chulos de San Isidro. El personaje regresa a la actualidad con Los dioses rotos, película de reciente estreno.

Hace poco, en una feria del libro, circuló la segunda edición de San Isidro 1910, de la investigadora Dulcila Cañizares. Sustentada en numerosas fuentes testimoniales y en una acuciosa exploración de los archivos, la obra devela el entorno del personaje, microlocalizado en el reducido universo urbano donde ejerció su dominio. La mirada se coloca intencionalmente desde abajo en una república apenas desasida de ataduras coloniales.

El barrio revive en una meticulosa reconstrucción de accesorias, fonduchos, pequeños comercios, cines por donde transitan músicos que algún día serán célebres, sitios donde se practica el visionaje de imágenes pornográficas. Del trasfondo de esa cotidianeidad sórdida, emerge la silueta borrosa de Yarini, instalado en su casa de la calle Paula, rodeado de su serrallo de mujeres, flanqueado por su incondicional Basterrechea, vínculo ambiguo, de raíz desconocida.

Autosuficiente, el barrio se asienta en los márgenes de la ciudad, tal y como lo intuyera Carlos Felipe en su clásico Réquiem. Pero, hilos de acero, fuertes y sutiles, lo vinculan a los estratos de poder de la república naciente. Yarini, silueta apenas diseñada en el trasfondo representa el eslabón que engarza esos dos mundos. De ahí la razón de su fuerza real y de su imagen simbólica duradera. En el fondo, por encima de las diferencias impuestas por los convencionalismos sociales, converge un substrato común en el campo de los valores, trampa que aherroja a quienes entran en el juego de la política, donde nadie logra sustraerse a las manchas de lodo sobre las blancas vestiduras. Yarini atraviesa los círculos concéntricos de la sociedad habanera de la época. De familia bien instalada en el ámbito económico y profesional, pasa por el medio bohemio y semiparasitario de la acera del Louvre – entrevisto también por Estorino en algunas de sus piezas teatrales -, por donde transitan el comercio del periodismo y de las mujeres, para aposentar su dominio personal en San Isidro.

Coincidiendo con la pauta establecida por Carlos Felipe, la perspectiva antropológica asumida por Dulcila Cañizares construye el personaje a través de la mirada de los otros. A diferencia del dramaturgo, la investigadora coloca el protagonismo en el barrio y su memoria. El personaje crecerá y se hará reconocible a partir de su muerte con la carga significativa de sus despojos y de sus complicidades, extraída de la prosa neutra de los documentos jurídicos. Como en un escenario teatral, las diferencias de clase se advierten en el refinamiento del vestuario y el valor de los dijes, contrastados con el rayado vulgar de camisas y pantalones utilizados por los chulos de menor cuantía. El rápido ajusticiamiento del victimario francés, se verifica con pistola nacarada y un disparo certero en medio de la frente.

La búsqueda de la verdad se lleva a cabo mediante el develamiento de capas sucesivas que encubren nuevos misterios, tal vez insondables. En el libro de Dulcila Cañizares se perfila la existencia de un personaje clave, hasta ahora desconocido. Sombra inseparable del célebre proxeneta, guapo mozo de ojos verdes, Basterrechea, carente de oficio y linaje, será su vengador. Una turbia zona de la sexualidad se intuye en el "gallo de San Isidro" con su serrallo de hembras que nunca quiso conocer mujer virgen. Los documentos de la época dejan entrever la intervención de poderosas instancias políticas para apartar del proceso judicial y dejar limpio el expediente del vengador de Yarini. La cárcel habrá de ser para otros, para los oficiantes de segunda clase en el ajuste de cuentas con los proxenetas franceses. Basterrechea sobrevivió a la república en total anonimato, al amparo de pequeños cargos gubernamentales que nunca le faltaron, a pesar de las frecuentes cesantías, vientos huracanados inseparables de todos los procesos eleccionarios. Su silencio fue, sin dudas, parte del compromiso contraído con quienes lo libraron, en su momento, de los procederes de la justicia. En el instante del desenlace, salió de la escena, como la misteriosa dama de negro rescatada por Carlos Felipe. No dejaron rastro. Memoria y leyenda preservaron tan solo el recuerdo del sorprendente pacto social representado en funerales donde convergieron las prostitutas del barrio y los personeros de las llamadas clases vivas de la nación, personeros de la alta política y de la alta sociedad. El gran espectáculo borraba las manchas, vestía de limpio las más sórdidas complicidades. Desde un conjunto plural de voces y documentos, Dulcila Cañizares desgarra las zonas de silencio y nos devuelve una visión inquietante de un pasado que también constituye parte de nuestra herencia cultural. Porque el ayer que está en nosotros tiene iluminaciones deslumbrantes de lucha, generosidad y creación.  Inscritas en un contexto de valores forjados en las necesidades de la sobrevida, también subsiste la memoria latente de un pasado sórdido, fuente de una corrupción que permea la sociedad, en interacción en los estratos altos y bajos de la sociedad. Son los que apuntan en el universo de Carlos Felipe y, con mayores precauciones restrictivas, en el de Miguel de Carrión. Bienvenida, pues, esta evocación necesaria de San Isidro 1910.

 

>
|
Enviar
|
compartir en
|
Más
Arriba
PRENSA
Nacional
Internacional
Prensa
Noticias
Artículos
Canales
Fecha:
Dia
Mes
2010
  • 2001
  • 2002
  • 2003
  • 2004
  • 2005
  • 2006
  • 2007
  • 2008
  • 2009
  • 2010
  • Todos
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • Todos
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • 13
  • 14
  • 15
  • 16
  • 17
  • 18
  • 19
  • 20
  • 21
  • 22
  • 23
  • 24
  • 25
  • 26
  • 27
  • 28
  • 29
  • 30
  • 31
  • Todos
  • Música
  • Cine, Radio y Televisión
  • Libro y Literatura
  • Artes Visuales
  • Artes Escénicas
  • Patrimonio
  • Enseñanza Artística
  • En la Comunidad
  • Cultura General
  • Nuevas tecnologías
  • Letra con filo
  • Cara a cara
  • Opinión
  • De otros medios
  • Titulares
  • Otras noticias
  • La cultura en el mundo
Cartelera
" Sígale el ritmo a la Cultura Cubana". Consulte el servicio Carteleras.
SÍGUENOS
POR CUBA
Artes Plásticas
Con un click podrá disfrutar de una muestra de las Artes Plásticas de Cuba ..
ENCUESTA
COMENTARIO
¿Encuentra usted atractiva esta versión del Portal Cubarte?
Haga de cubarte su página de iniciomejor para 1024 x 768 px - Contacto - Realización: CUBARTE