El teatro cubano: más humano que nunca


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Decía Federico García Lorca que el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana, y al hacerse humana, habla y grita, llora y se desespera, y es por ello que este 22 de enero, en medio de la pandemia mundial provocada por la COVID-19, debemos festejar el Día del Teatro Cubano con mayor fuerza.

La efeméride se conmemora en esa fecha en homenaje a los sucesos del Teatro Villanueva en 1869, cuando se escuchó el grito “¡Viva Céspedes!, ¡Viva Cuba!”, al finalizar la obra Perro huevero aunque le quemen el hocico, del dramaturgo Francisco Valerio.

Aquella vez, el teatro cubano se hizo patria y muchos años después, en 1980, se decidió que cada 22 de enero se celebraría la jornada que hoy provoca este texto.

Ahora, la realidad del país es distinta, y actrices, actores, dramaturgos… todo el que ha hecho de las tablas su vida, tuvo que rehacerse y repensarse para su público, porque el nuevo coronavirus apareció y las salas de teatro tuvieron que cerrar sus puertas. Todo cambió.

En esas circunstancias, ¿cómo hacer que una manifestación artística tan vinculada con la presencia no muriese? Con el freno de los montajes, ensayos, temporadas, festivales, urgió buscar otras vías para mantener la llama, y que tanto los profesionales como el público continuaran encontrando en el arte un refugio, ante toda la discordia que representaba, y aun representa, la COVID-19 para cada uno.

La digitalización del teatro permitió que llegara a quien se interesara en disfrutarlo, el intercambio online acercó a los autores e intérpretes con la audiencia, y aunque parezca contradictorio, el usar esas vías electrónicas para unir personas y brindarse apoyo espiritual mutuamente, humanizó aún más la poesía que se levanta del libro, como decía Lorca.

Lejos de su estado natural el teatro cubano se mantuvo ahí, gestándose, latiendo, esperando la más mínima oportunidad para llegar a alguien, para volver a la escena tradicional, y lo hizo.

Entre respiros de la cuarentena, la oferta teatral se reactivó de manera presencial. Claro, con la capacidad de las salas reducidas al 40%, pero hubo oportunidades para todo y todos: circo, humor, danza y teatro.

Puede que haya que fomentar el ensayo, madurar algunas propuestas, tener paciencia con esta nueva pausa provocada por el aumento vertiginoso de los contagios, pero lo que sí hay que recordar siempre, es que el teatro cubano sobrevivió haciendo gala de un gran poder de resiliencia y no se volvió frío, sino que demostró ser un ente vivo, orgánico, todo un ser humano.


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