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¡Por la defensa de nuestra soberanía e independencia!

Por Astrid Barnet
Fuente CUBARTE 19.09.2016

Centro de Estudios Martianos
Centro de Estudios Martianos

Siempre resultarán encuentros repletos de saberes y de un excelente nivel de comunicación ante cualquier auditorio al cual se le convoque los que acostumbra ofrecer la historiadora cubana doctora Francisca López Civeira (Paquita). Ejemplo de ello fue una de sus más recientes conferencias dictada en la sede habanera del Centro de Estudios Martianos (CEM), la que versó sobre La mirada cubana a los Estados Unidos durante la Primera Ocupación Militar.

Sobre este tema valdría la pena puntualizar que la intervención de Estados Unidos en la Guerra del 95 frustró el proceso de más de treinta años de lucha por la independencia de Cuba y la realización del Ideario Martiano en su más amplio sentido. Aunque el propósito de apoderarse de la Isla tenía vieja data, la correlación de fuerzas mundiales lo favorecía a finales del siglo XIX. Al respecto hay que rememorar un escrito del político, pensador y profesor universitario cubano Juan Marinello, cuando expresó que:

“Una fuerte oposición en el plano nacional impidió la anexión directa. El hecho nefasto de que muera Martí en la contienda, el 19 de mayo de 1895, tiene mucha influencia en la frustración del movimiento que ha regido con su sacrificio y su genio. NO se realizan, en la República que va a nacer, su pensamiento político y social ni sus criterios en la educación y la cultura”.

Hacia esas dos esferas encaminó sus criterios la doctora López Civeira cuando, entre otros planteamientos destacó los objetivos de aquella primera ocupación o intervención por parte de un gobierno en pleno proceso expansionista y monopolista hacia una fase superior del capitalismo: el imperialismo.

Así, subrayó: “Crear una mirada hacia los Estados Unidos se inicia desde la enseñanza primaria con un momento muy particular cuando en e1900 se decidió enviar a un grupo de maestros cubanos a un curso de verano en una escuela federal perteneciente a la Universidad de Harvard estructurado, entre otras materias, con 18 lecciones sobre Historia de los Estados Unidos, con el mayor número de horas/clases. Entre los maestros cubanos que pasaron dicho curso se encontraba el poeta guantanamero Regino Botti, quien publica después en la prensa de nuestro país –para aquel entonces y para todos los tiempos--, “es cierto que dádivas ablandan peñas, como expone Cervantes, y eso es lo que quieren hacer con nosotros; los yankis para conquistar voluntades cubanas usan y usarán dádivas (…) Nuestro porvenir es muy claro: la absorción completa. El grande siempre busca un motivo para pegarle al pequeño y luego, aniquilarlo (…) Para seducirnos nos tienden ahora otra red; al parecer débil, pero es fuerte y temible ¿Rechazarlo? No, debemos aprovechar lo que pueda enriquecernos, como maestros, recordando la seducción por impresionabilidad. Por tanto, vamos a ir y volver como cubanos quintaesenciados. Volveremos aún más cubanos: la quinta esencia de la Cubanía”.

Destacó la Académica en su intervención que “sobre la anexión de la Isla a los Estados Unidos el presidente Mc Kinley había planteado este problema en su mensaje anual al Congreso en diciembre de 1899, cuando dijo que la futura Cuba deberá quedar ligada por lazos de singular intimidad y fuerza a los Estados Unidos (…) La maduración de acontecimientos futuros lo determinará. Aquí ya existe una definición clara. Mas los acontecimientos fueron planteando que si bien hubo situaciones de índole económica a partir de la realización de concesiones de todo tipo, al igual que posiciones de políticos autonomistas, la mayor voluntad del pueblo cubano se puso de manifiesto a partir de su posición independentista en todo momento”.

Al respecto hay que acotar que inmediatamente después de ser ocupada la Isla se inicia en avalancha la penetración del capital norteamericano. Los propietarios arruinados comenzaron a vender sus tierras, muchos peninsulares liquidaron sus negocios para retirarse a España, vendiéndolos a los ocupantes. Aunque se promulgó una ley, en virtud de la cual no podrían otorgarse privilegios y concesiones durante el período de ocupación, ello no impidió que la ley se vulnerase y se otorgasen dichas concesiones; entre ellas para la construcción de ferrocarriles, en la explotación de minas que ponían en manos norteamericanas el dominio del hierro cubano. La American Tobacco Company controlaba el 90% del tabaco de exportación y el trust del azúcar había adquirido cuantiosos intereses en Cuba. En 1901 la Cuban American Sugar Company adquirió en Cárdenas la única refinería existente en el país, mientras que ese mismo año la United Fruit Company había adquirido 2 200 caballerías de tierra en la zona de Oriente por unos míseros dólares.

Por otra parte cientos de familias norteamericanas se establecieron en el país en las zonas de La Habana, Isla de Pinos, Matanzas, Santa Clara, Oriente, surgiendo más de 37 comunidades agrícolas. En la Isla de Pinos (hoy, Isla de la Juventud), esa colonización alcanzó un mayor auge, los colonos promovieron constantes actos de repulsa contra el gobierno cubano luego del establecimiento de la pseudorepública, negándose en ocasiones a costear sus impuestos.

La banca norteamericana hizo también su aparición en esta época, surgiendo con el nombre de Banco Nacional, institución bancaria que representaba los intereses del North American Trust Co.

La ruina del cubano se completó con los aranceles ruinosos que fueron rebajados para los productos norteños, pero se mantuvieron intactos para la entrada de los productos de la Isla en el mercado norteamericano.

En ese entonces el presidente Mc Kinley, frente a las protestas cubanas, aducía que él “carecía de facultades para modificar el arancel en los Estados Unidos, lo que era competencia del Congreso”, situación que la doctora López Civeira subrayó como algo reiterativo en la actualidad –y en específico a partir del restablecimiento de vínculos diplomáticos con la Nación del norte--, “facultades que sí ostentaba como Mandatario para modificar el arancel cubano”.

Según estudiosos, el Presidente de los Estados Unidos tenía mayores facultades sobre nuestro país que en el suyo propio.

Sin embargo, todas las maniobras yanquis no pudieron ahogar el sentimiento independentista cubano. El propio secretario de guerra Elihu Root y el senador Orville Platt, en visita de información a Cuba, comprendieron que la anexión, a pesar de los informes favorables del gobierno de ocupación de Leonardo Wood, era odiosa al pueblo cubano. Igualmente, ante los ojos de América Latina y de las otras potencias imperiales, no era táctico realizar una manifestación de fuerza contra un pueblo que había luchado con tanto sacrificio por el logro de su independencia y soberanía,  y aún más cuando los Estados Unidos habían declarado en dos documentos internacionales: la Resolución Conjunta y el Tratado de París, no tener intención alguna sobre la soberanía de la Isla.

A todas esas circunstancias se añadía las pretensiones de reelección de Mc Kinley, y la campaña más vigorosa contra él partía de Cuba; además de que los productores azucareros norteamericanos no apoyaban la entrada del azúcar cubana a su país. Todos estos factores obligaron a la nación norteña a dar un viraje en su política inicial pro-anexionista, dejando para un futuro la realización de sus verdaderos propósitos hacia la Mayor de las Antillas.

“Existe un sentido de reflejar este sentimiento de defensa de lo mío frente al dominio extranjero”, recalcó la Profesora universitaria, para agregar que “cuando arriba el cambio de siglo (1900) hay que observar que la prensa nacional no se hace eco de ningún tipo de expectativa relacionada con la vida interna del país (es el caso del diario El Fígaro: Happy New Year ¡! y, nada más); pero también existe una defensa de lo cubano en el orden cultural. Algo que podemos ver reflejado en la música, en el teatro bufo…Existió una pieza bufa titulada Tenday (sin la ese), en la que se habla sobre la preponderancia del cubano danzón frente a otras piezas norteamericanas (¡insustanciales!) y extranjeras que se trataban de imponer. Fue la defensa de lo cubano, como contraposición simbólica a través de sus ritmos. Fue y será la defensa de lo cubano, de nuestra Historia, de nuestra Cultura que tratan de subvertir; como continuará siendo también y, para siempre: ¡Por la defensa de nuestra soberanía e independencia!”.

Por Astrid Barnet

Licenciada en Periodismo: Universidad de La Habana (1976)

Graduada de Ingles de la Escuela de Idiomas Abraham Lincoln (1969); Universidad de Toronto, Canadá (1971); Curso de Perfeccionamiento/Actualización CECE (1988)

Como periodista, desde hace más de treinta años, ha participado en un gran número de eventos nacionales e internacionales de índole económica, política y académica en general. Entre ellos: eventos de la Brigada Venceremos (BV) en Cuba y Canadá 1970-1982; eventos diversos relacionados con la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC); eventos relacionados con la Paz y el Desarme —en el Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos—, en la Asociación por la Unidad de Nuestra América (AUNA), en la UPEC, en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), en el Centro de Estudios Martianos; diversas coberturas de prensa en Feria Internacional de La Habana (FIHAV), desde 1989 en que se inaugura el recinto ferial de Expocuba.

Colaboró en la confección del libro Cuba y la Defensa de la República Española (1936-1939), del Instituto de Historia del CC-PCC. La Habana, 1981, al igual que en investigaciones diversas sobre Historia de Estados Unidos y de Cuba para la Brigada Venceremos (BV) y durante misiones de trabajo periodístico. Desde 1971 publica trabajos sobre temas diversos en distintos órganos de prensa: revista Moncada (años setenta); en los diarios Granma; en Granma Internacional; Trabajadores; Opciones; revistas Cuba Internacional, Cuba Foreign Trade, de la Cámara de Comercio de Cuba, de la cual fue redactora publicitaria durante casi ocho años; editora de la revista AUNA (1995-1999), de la Asociación por la Unidad de Nuestra América, que presidiera el doctor Guillermo Toriello Garrido, ex Canciller de Guatemala durante el gobierno de Jacobo Arbenz. Fue reportera en el NTV, en las emisoras Radio Reloj, Radio Rebelde y en la revista informativa digital CUBAHORA. Actualmente colabora también en la Asociación Cubana de Naciones Unidas (ACNU), de donde es vice secretaria de su comisión de Prensa. Asimismo, escribe para la página digital Librínsula, perteneciente a la Biblioteca Nacional José Martí.

Desde 2011 es Profesora Auxiliar de la Universidad de La Habana. Ostenta como distinciones un Segundo Premio Internacional El Periodismo, como Instrumento de Lucha por la Paz en el Mundo (1988), convocado por el Club Primera Plana, de México y la Medalla Félix Elmuza, de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

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