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Carlos Zamora: Un premio que llega desde México

Por Mauricio Núñez Rodríguez
Fuente Radio Musical Nacional 25.10.2016

Carlos Zamora: Un premio que llega desde México
Carlos Zamora: Un premio que llega desde México

El autor de la formidable novela En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido (Ediciones Unión, 2012) por la cual le fuera otorgado el Premio de narrativa Guillermo Vidal en 2011, acaba de obtener en México el Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres, que auspicia el Ayuntamiento de Isla Mujeres, una región del Estado de Quintana Roo, en el sureste mexicano.

Una vez más la cultura cubana es bien recepcionada en México. En esta ocasión el cuaderno Bitácora, de Carlos Zamora Rodríguez (Matanzas, 1962), fue seleccionado entre más de cien propuestas de la región caribeña que aspiraban al galardón.

A juicio del jurado —integrado por los escritores Nicolás Durán de la Sierra, Ramón Iván Suárez Caamal, Agustín Labrada Aguilera y Angélica Díaz Ceballos Graf— Bitácora destaca «por su sostenida unidad temática, la fluidez de su ritmo, sus imágenes casi cinematográficas, el dominio del poema en prosa y el singular lenguaje tropológico».

El sureste de México es suelo pródigo en la creación lírica. Cerca de Quintana Roo, pero más hacia la península de Yucatán, en el estado de Tabasco, nacieron grandes poetas latinoamericanos como Carlos Pellicer o José Gorostiza, el autor de Muerte sin fin. Allí mismo pertenece el ensayista Andrés Iduarte o la narradora Josefina Vicens.

¿Qué significa para un creador cubano recibir un premio de poesía en tierra de notables poetas?

Pues un privilegio extraordinario y un compromiso. Apenas repuesto de la sorpresa del fallo del jurado, que me favoreció con su voto, me percaté de que muy poco conocía de esta locación mejicana, salvo lo que mi fatigada memoria había conservado de viejas lecturas.

Ha sido una motivación adicional para indagar sobre esta porción de México, que une a su exuberante belleza una fertilidad notable para la cultura y en especial para la Literatura.

Me satisfizo comprobar que los lugareños siguen fieles a sus tradiciones y continúan promoviendo en revistas y en concursos como este, géneros como la poesía y el ensayo, no siempre favorecidos en los circuitos editoriales.

Bitácoras, ¿qué vivencias nuclea? ¿Cómo se estructura? ¿El premio incluye la publicación de la obra?

El cuaderno no es más que una parte de un poemario que escribo.

Lo conforma una suerte de crónicas de viaje en prosa poética, dedicados a ciudades y sitios que he visitado en Europa en los dos últimos años, a veces seducido por edificios o monumentos, muchas veces emocionado por las huellas tangibles del tiempo, tocado siempre por la nostalgia de mi país, de La Habana, por los paisajes que uno lleva consigo a veces sin saberlo… En fin.

He tratado de ofrecer una mirada íntima, sincera, de esos sitios que ya han sido, casi sin excepción, más que magnificados por la publicidad a lo largo del tiempo y he buscado aquellos otros, escapados de la atención común y que para mí han significado, por razones muy diversas, un descubrimiento.

Se relacionan, como una bitácora, y acaso constituyen una invitación a los lectores a compartir las vivencias que describo.

Me encontré, a mi llegada a Isla Mujeres, con la sorpresa adicional de que el poemario ganador y las menciones, que correspondieron esta vez a autores mejicanos, habían sido reunidos e impresos en un libro y su presentación formaba parte del acto de premiación.

Isla Mujeres parece ser un lugar mágico: «Aquí no es posible la muerte, entre tanta mujer amable, onda transparente, rumor de cocotero y cielo puro», diría José Martí a su paso por la región. Más de un siglo después, viajas a este lugar a recibir un premio de poesía.

Hay vasos comunicantes que unen a Cuba con esta ciudad, pero hay razones que conectan a tu obra con la admiración por el legado martiano. No es casual tu compilación El amor como un himno. Poemas cubanos a José Martí. (Centro de Estudios Martianos, 2008), y por qué no, tu labor de tantos años en la Biblioteca Nacional José Martí es una señal.

¿Qué impresiones guardas de la breve estancia en Isla Mujeres para recibir el premio?

Isla Mujeres, aún con el empuje del turismo y las exigencias comerciales, sigue teniendo un encanto singular. En apenas ocho kilómetros de extensión, se exhiben muchas de las bondades que la Naturaleza ha otorgado a esta parte del mundo: el color, el ritmo, la gracia del Caribe nuestro, están allí en todo su esplendor.

Es difícil sentirse extranjero en Isla Mujeres viniendo de Cuba. Los vasos comunicantes están en la cultura, en la historia, en la memoria común.

Quizás por ello me resultó tan seductora su hospitalidad, porque para ellos constituía motivo de orgullo contar que por aquellos lares estuvo Martí, que entre muchos pescadores y gente de pueblo se venera a nuestra Virgen de la Caridad, que tiene su iglesia y un culto devoto y permanente que, en determinadas noches, dicen, pueden verse las costas de Cuba… Es inevitable la empatía.

Y luego, las actuales autoridades del gobierno, me prodigaron las mejores atenciones, lo cual revela, más que todo, una sensibilidad especial para los asuntos culturales, algo que sabemos se extraña en otras latitudes, más apegados los gobernantes a los dividendos materiales.

¿Los lectores de tus crónicas podremos esperar nuevas piezas o está de receso el cronista?

Nada de receso. Este premio, como casi todos los reconocimientos que recibimos los escritores y artistas, solo constituye una motivación adicional para seguir escribiendo. Tengo ya listos nuevos poemas y apuntes suficientes para conformar el libro que he soñado. Una editorial cubana que admiro muchísimo me ha propuesto su sello para cuando lo termine. ¡¿Qué más puedo pedir!?

Carlos Zamora es conocido entre los lectores cubanos por el poemario Estación de las sombras (Sanlope, 2001), la noveleta para niños A Puerto Blanco no llegan las lluvias (Ediciones Matanzas, 2012), Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas; el poemario Cada día la eternidad (Ediciones Unión, 2011); y el libro de cuentos La noche de Judas (Ediciones Matanzas, 2012).

También, por una oportuna colección de crónicas que rememoran asuntos de la vida nacional de las pasadas décadas y, por supuesto, por su aglutinador desempeño editorial en la revista Librínsula, de la Biblioteca Nacional José Martí.

Este premio y la publicación en México de Bitácoras lo deja emparentado con una geografía que no solo es fuente nutricia de grandes líricos, sino que sus pasos se entroncan con la ruta del gran poeta cubano en su peregrinar por América. Enhorabuena para el autor y la cultura cubana.

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