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CUBARTE

Antes de 1959 en la literatura

Durante la conquista y colonización española, los peninsulares traían consigo cronistas que redactaban y describían todos los acontecimientos importantes, aunque con puntos de vista españoles y para un público lector español. El más importante cronista que llegó a Cuba en el siglo XVI fue Fray Bartolomé de Las Casas, autor, entre otras obras, de «Historia de las Indias».

Sin embargo no es hasta el siglo XVII que se tiene referencia de la primera obra literaria escrita en la isla cuando, en 1608, Silvestre de Balboa publica «Espejo de Paciencia», primer poema épico escrito en Cuba, cuyo texto se conserva y cuyo asunto, basado en sucesos ocurridos realmente, consiste en el secuestro del obispo Fray Juan de las Cabezas Altamirano por el corsario francés Gilberto Girón, en el poblado de Yara.

La poesía inicia la historia de las letras cubanas, que no registra otras obras importantes durante el siglo XVII.

A pesar de que las letras insulares ya contaban con «Espejo de paciencia», la verdadera tradición poética cubana comienza a finales del siglo XVIII con Manuel de Zequeira, considerado el primer poeta cubano y Manuel Justo de Rubalcava. No solo por la calidad que alcanzaron en sus respectivas obras, sino por su singularidad ya dista de lo español. Los poemas inaugurales de la lírica cubana con mayor calidad son la «Oda la piña», de Zequeira, y la «Silva cubana», de Rubalcava.

También del siglo XVIII data la primera obra teatral escrita por un cubano «El príncipe jardinero y fingido Cloridano», comedia de una imitación de las expresiones artificiosas de la época, con ocasionales reminiscencias de Lope de Vega, Calderón de la Barca y Agustín Moreto, de la autoría de Santiago Pita, considerado el primer dramaturgo de la isla de Cuba.

El siglo XIX fue testigo de un esplendor literario, surgieron imprescindibles poetas cuyas obras contribuyen a consolidar el prestigio de la poesía cubana. Aparecen los antológicos versos de Julián del Casal, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), Juan Clemente Zenea, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juana Borrero, José Jacinto Milanés, Luisa Pérez de Zambrana, José María Heredia y José Martí. En unos la lírica romántica se impone, en otros alterna con ideas y propósitos múltiples, algunos de ellos de total compromiso con los destinos del país, una línea que tuvo como máximo exponente a Martí, Héroe Nacional de Cuba.

De este siglo data la primera gran novela cubana «Cecilia Valdés», escrita por Cirilo Villaverde que marca un momento que confirma la vitalidad creciente de la literatura nacional. A Villaverde le siguen escritores de ambiente cubano como Nicolás Heredia con «Leonela» (1893) y Ramón Meza con «Mi tío el empleado» (1887), además de Martín Morúa con «Sofía» (1891). Se destacan además la novela «Sab» de Gertrudis Gómez de Avellaneda. A José Martí, corresponde la primera novela modernista, «Amistad Funesta» (1885).

Además de Martí, otro grande del modernismo fue Julián del Casal, con una poesía en la que priman la tristeza y el desencanto.

La poesía civil comienza con un canto a la libertad, «Oda al Niágara», de José María Heredia, uno de los pilares del romanticismo castellano. Resaltan en el siglo XIX José Jacinto Milanés, Gertrudis Gómez de Avellaneda (también clave en el teatro hispanoamericano), José Martí (iniciador del modernismo en las letras del continente), Juan Clemente Zenea, entre otros, todos unidos por el amor a la isla y a su entorno y la defensa de la libertad.

Aparece la primera revista independentista, «El Habanero», dirigida por el presbítero Félix Varela, quien será el primero de una serie de autores que defenderán el derecho de Cuba a la independencia con la palabra.

También el abolicionismo como tema literario aparecerá a raíz del contexto histórico donde se desenvuelven.

Grandes figuras de la literatura cubana pasarán gran parte de su vida en el destierro. Tales son los casos de Félix Varela, José María Heredia y José Martí.

Llegado el siglo XX y tras la independencia de la metrópoli española, surgen los poetas  Bonifacio Byrne, Regino Boti, José Manuel Poveda y Agustín Acosta. Luego, la poesía cubana se diversificó en el purismo de Eugenio Florit, Emilio Ballagas y Mariano Brull, en el negrismo de Nicolás Guillén y en el feminismo de Dulce María Loynaz.

La novela contó con exponentes como Miguel de Carrión («Las honradas» y «Las impuras») y Carlos Loveira Chirino («Generales y Doctores»), y el cuento con Luis Felipe Rodríguez, Enrique Labrador Ruiz y Lino Novás Calvo. El acento folclorizante lo puso Lydia Cabrera («El monte»). En el ensayo antropológico y crítico, hay que reseñar a Fernando Ortiz y Medardo Vitier.

La vanguardia se expresó en la relevante revista Avance (1927-1930), de la que surgieron Juan Marinello, Jorge Mañach, Francisco Ichaso, Félix Lizaso y el fundamental novelista Alejo Carpentier.

En 1940 apareció el grupo de la revista Orígenes, de inspiración católica y preocupación cubanista, cuyo líder fue José Lezama Lima, y en el cual se integran Ángel Gaztelu, Gastón Baquero, Octavio Smith, Cintio Vitier, Fina García Marruz y Eliseo Diego.

La poesía transitó el siglo XX con una prolífica y variada gama de estilos y temas. Se destacan nombres de la talla de José Zacarías Tallet, Regino Pedroso, José Ángel Buesa, Nicolás Guillén, Carilda Oliver Labra, Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Roberto Fernández Retamar, Gastón Baquero, Nancy Morejón, Antón Arrufat, Eliseo Diego (premio Juan Rulfo al conjunto de su obra), Cintio Vitier, Fina García Marruz, Mirta Aguirre, Pablo Armando Fernández, Fayad Jamis, Guillermo Rodríguez Rivera, Jesús Orta Ruíz, Ángel Augier y Dulce María Loynaz (Premio Cervantes de la Academia) entre otros.

La narrativa, por su parte, alcanzó auge en esta misma centuria, caracterizado además por lo variado de sus propuestas. Escritores que, incluso, cultivan más de un género en su trayectoria, y que se han hecho merecedores de un puesto cimero en el panorama literario de la nación y del resto del mundo. Se destacan las obras de Miguel del Carrión, José Soler Puig, Pablo de la Torriente Brau, Onelio Jorge Cardoso, Félix Pita Rodríguez, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Miguel Barnet, entre otros.

Década de los '60

El advenimiento de la Revolución Cubana, trae consigo un gran auge creativo y multiplica la publicación de libros, además de la cantidad de lectores a partir de la Campaña de alfabetización. Se fundan las revistas Casa de las Américas, Verde Olivo, Lunes de Revolución y El Caimán Barbudo. Se destacan Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar, Antón Arrufat, Miguel Barnet, Lisandro Otero, entre otros.

Un paso importante en el desarrollo de las letras y la promoción literaria en la Isla fue la creación, en 1967, del Instituto Cubano del Libro (ICL). Esta institución, adscripta al Ministerio de Cultura,  es la institución rectora de la edición, comercialización y promoción de libros y publicaciones seriadas en Cuba, así como de las relaciones del Estado cubano con los escritores, sus organizaciones representativas y los profesionales del libro.

El ICL agrupa a las editoriales surgidas en el proceso de desarrollo del libro en la Revolución, junto a la poligrafía nacional y a la red distribuidora y comercializadora del libro.

Tiene la misión de situar al alcance de los lectores de todo el país los libros necesarios para satisfacer sus necesidades de lectura y facilitar la creación, publicación y promoción nacional e internacional de los autores cubanos. Importa y exporta libros, revistas y otros artículos relacionados. Dirige quince Centros del Libro, ubicados en cada uno de los territorios, a través de los cuales dispone de un Centro de Promoción Literaria y una pequeña editorial en cada provincia, y de librerías en todos los municipios del país.

Entre las Instituciones que integran el ICL se encuentran: La Agencia Literaria Latinoamericana, la Cámara Cubana del Libro, la Distribuidora Nacional del Libro, Cubaliteraria, el Centro Cultural Dulce María Loynaz, el Centro de Promoción, Información y Análisis del Libro, el Centro Cultural Doña Leonor Pérez, el Centro del Libro y la Literatura y una extensa red de editoriales a lo largo del país (Ediciones Cubanas, Editorial Gente Nueva, Editorial Letras Cubanas, Editorial José Martí, Editorial Arte y Literatura, Editorial Nuevo Milenio…)

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