• Icono de YouTube
  • Icono de Google Plus

CUBARTE

todo

Un pueblo que era trampa para oradores

Por Argelio Santiesteban
Fuente CUBARTE 19.10.2016

Un pueblo que era trampa para oradores
Quienes cultivaban la oratoria, le temían a ese rincón nororiental.

Comadres y compadres, amigos míos: ya sé que en la memoria de cada uno de ustedes habrá, de seguro, el recuerdo de alguna villa o aldehuela habitada por gentes con fama de problemáticas o iracundas. Pero yo… y disimúlese mi inmodestia… yo me atrevo a apostar que en tal materia no hay quien me derrote si les describo a cierto pueblecito del nororiente cubano donde la gente, generación tras generación, han sido, bueno, han sido “de chupa y déjame el cabo”, como dice el sermo vulgaris cubensis.

El lugarejo en cuestión responde al inusual nombre de Mulas.

Partamos hacia allá, para probar, con pelos y señales nuestra afirmación de que a la gentecita de aquella comarca le ha zumbado el proverbial mango.

Los iracundos pobladores del barrio de Mulas, tuvieron, generación tras generación, ciertos enemigos tradicionales: los oradores.

Sí, subirse a una tribuna en Mulas ha sido una tareíta como para pensarla dos veces.

Si el célebre orador griego Demóstenes hubiera pasado por Mulas, se habría ahorrado el trabajo de suicidarse. Le hubiese sido suficiente con subirse allí a una tribuna, para que lo mataran. Y al orador romano Cicerón sus enemigos no habrían tenido que asesinarlo. Bastaba con habérselo dejado a los lugareños de Mulas.

Porque, insistimos, los pobladores de aquel barrio banense tuvieron hacia los oradores la más profunda animadversión.

¿Piden ustedes alguna prueba al respecto? Pues, ¡con mil amores! Y no una, sino dos brindaremos, para que no se nos tache de avaros.

Primer orador victimado

Yo no sabría decir a ciencia cierta si fue por los años treinta o por los cuarenta del pasado siglo, pero tal precisión poco importa para el meollo de la anécdota.

Lo cierto y comprobado es que al pobladito de Mulas llegó uno de aquellos políticos que prometían villas y castillas durante las campañas electoreras.

A los pocos minutos de arribado el visitante, ya sus dos o tres correligionarios del lugar habían improvisado una tribuna con cuatro tablas y algunos palos del cercano monte.

El orador subió al enclenque estrado, respiró profundo y con la vista recorrió el gentío allí conglomerado por obra y gracia de la curiosidad campesina, siempre ávida en donde casi nunca pasaba nada.

En cualquier otro punto de Cuba, el arranque del discurso hubiera parecido adecuado. Sí, al escuchar “hijos de Manzanillo”, o “hijos de Guane”, ninguno de los que en tales parajes nacieron se hubieran disgustado.

Ah, comadres y compadres, amigos míos, pero el orador de nuestra anécdota, tras llenar los pulmones de aire dijo a toda voz: “¡Hijos de Mulas!”.

Y, me aseguran los que lo vieron, que el frustrado disertador tuvo que correr varias leguas, con la persecución de una turba de guajiros que, machete en alto, lo querían hacer pagar por la ofensa contra sus progenitoras.

Segundo orador victimado

Pasó el tiempo. Llegó otro orador al pueblo de Mulas y ya venía advertido en cuanto al escache del que lo antecedió.

En consecuencia, venía con una singular proposición. Habida cuenta de que allí proliferan las palmas, propuso cambiar el nombre del poblado por el de Palmira.

Ah, queridos amigos. Pero los lugareños desconocían que Palmira es una antiquísima ciudad siria, anterior a Cristo, cuyo nombre significa “ciudad de las palmeras”.

Lo que sí sabían los labriegos de la zona era que allí cerca ejercía su “profesión”, dicen que la más antigua del mundo, cierta ramera llamada Palmira.

Por eso, cuando desde la tribuna propuso el cambio de nombre, cierto rudo campesino lo apostrofó: “ÓIgame, compay, usté´ ha toma´o la vere´a equivocá. ¡Porque yo prefiero que me digan hijo de Mulas que hijo de Palmira!”

Argelio Santiesteban

Mirando en redondo

Por Argelio Santiesteban

ARGELIO SANTIESTEBAN (Banes, Cuba, 1945): Periodista y escritor.

Escribe para revistas, periódicos, radio y TV desde los años ´60. Perteneció al equipo de reportajes especiales de Bohemia.

Ha sido colaborador de todos los principales órganos de prensa cubanos.

Fue miembro fundador de la Brigada Artístico-Literaria Hermanos Saíz (1963).

Estuvo entre los creadores de la TV Educativa en Cuba. (La original, de los años ´60).

Correalizó un gran número de videodocumentales, exhibidos en el país y en canales extranjeros. Fue cofundador de los programas televisivos “Puntos de vista” y “Entre libros”.

Es autor de varios libros, en su mayor parte dedicados a la historia y el folklore de Cuba. Entre ellos: El habla popular cubana de hoy (tres ediciones: 1982, 85 y 97), Uno y el mismo (1994, estudio sobre folklore cubano comparado), Picardía cubiche (1994, sobre el humor popular), Anécdotas de Cuba (1999), Cuando el pueblo jugó a ser Papá Dios. Bojeo a la toponimia cubana (2011), etc.

Entre otras distinciones periodísticas y literarias recibió, en su primera convocatoria, junto a Nicolás Guillén, Eliseo Diego y Tomás Gutiérrez Alea –entre otros--, el Premio Nacional de la Crítica, que concede el Ministerio de Cultura de su país. (Jurado: presidido por Núñez Portuondo, también lo integraban Le Riverand, Moreno Fraginals, Leonardo Acosta, y un muchacho, muy joven, quien representaba a las editoriales: Abel Prieto Jiménez).

También ha sido premiado o mencionado en los concursos de Periodismo Científico Fernando Ortiz, de Humorismo Marcos Behemaras, Primero de Mayo de la CTC, Festival de la Radio, etc.

Ha elaborado guiones de multimedia, y campañas publicitarias.

Actualmente mantiene espacios fijos en revistas, publicaciones electrónicas, en la radio y en la TV.

Es miembro de la UNEAC.

Añadir nuevo comentario