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Jóvenes restauradores en el 7mo Festival de las Artes

Por Marcos Antonio Tamames Henderson
Fuente CUBARTE 04.06.2016

Jóvenes restauradores en el 7mo Festival de las Artes
Jóvenes restauradores en el 7mo Festival de las Artes

Del 30 de mayo al 5 de junio la Universidad de las Artes (ISA) celebra la 7ma edición del Festival de las Artes, ocasión para la cual el Centro de Estudio de Conservación, Restauración y Museología (CECRM), de la Facultad de Artes Visuales, ha organizado la 3ra Jornada del Joven Restaurador, esta vez con carácter nacional al incluir dentro de los ponentes técnicos y profesionales de diferentes regiones del país cuya formación se vinculan al Centro. ¿La sede?, el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, los días 1, 2 y 3 de junio. Singulariza además esta edición la premiación del Concurso de Fotografía Artística sobre el Patrimonio Cubano, convocado para este evento por el CECRM.

Se destaca en esta cita, en primer orden, el hecho de que los resultados expuestos por sus autores avalan; por un lado, la diversidad y complejidad del patrimonio cultural y; por otro, la multiplicidad de aristas y enfoques que tributan a una disciplina que exige de una formación concebida desde una perspectiva integradora e interdisciplinaria.

La inscripción de la conservación y la restauración dentro de la Facultad de Artes Plásticas (hoy, Artes Visuales) data de septiembre de 1996, fecha en que fragua el Convenio de Colaboración entre el Centro Nacional de Restauración, Conservación y Museología (CENCREM), entonces con sede en el antiguo Convento de Santa Clara, en La Habana Vieja, y el ISA. Con la creación del perfil Conservación y Restauración de Bienes Muebles en la licenciatura en Artes Plásticas, se daba continuidad a las funciones asignadas a la institución creada por el Decreto No. 77 del Consejo de Ministros, el 12 de noviembre de 1980, particularmente las establecidas mediante los incisos b): “Desarrollar la formación técnica del personal especializado en la actividad del centro”; ahora bajo el prisma de un nivel profesional, y c): “Participar en la ejecución de aquellos trabajos de restauración que por su complejidad así lo requieran”. En su desarrollo, esta especialidad ha logrado también dar continuidad al tercero de los decretos que acompañaban la Resolución No. 77: “El Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología podrá ofrecer sus servicios a otros países latinoamericanos y del Caribe”. (1)

Desde entonces y hasta el presente, la enseñanza de esta ciencia, en correspondencia al quehacer internacional, devino centro de atención del claustro del ISA; así, en el 2011, la Facultad convocó a sus profesionales a la 1ra edición de la Maestría en Conservación del Patrimonio Cultural, modalidad que en su segunda edición desbordó la sede de Cubanacán para, con un sentido regional, atender desde la filial holguinera a profesionales de Holguín y Santiago de Cuba. Particular fortalecimiento arribó con la creación del Centro de Estudio de Conservación, Restauración y Museología (CECRM) a partir del 2012 bajo la dirección de la MSc. Silvia Ramírez Paseiro y, a partir del 2013, la Comisión Nacional de Grados Científicos sumó al doctorado en Ciencias sobre Arte, con sede permanente en el ISA, la especialidad de Conservación del Patrimonio Cultural. Desde el punto de vista histórico, asistimos pues a una jornada fruto de 20 años de la presencia de este saber en la Universidad de las Artes. (2)

Un aspecto que aflora en esta jornada y que tiene en cuenta la academia en la formación de los profesionales está vinculado a la motivación que da origen a la relación entre el restaurador y la obra objeto de investigación e intervención, hecho que sin dudas tendrá su expresión en la eticidad con que el profesional asume su trabajo. Elton Pérez Pereira, estudiante de 1er año, por ejemplo, desde su particular admiración por uno de los grandes maestros del renacimiento, Miguel Ángel Buonorroti, centra su atención en la Capilla Sixtina y tras un análisis crítico de las intervenciones recibida por esta obra en el decursar de los siglos —requisito que exige la formación profesional en ese nivel de enseñanza—, reproduce uno de los fragmentos con el notable interés de perpetuar el espíritu del exponente del arte pictórico universal. (3)

A otras coordenadas responden Michel Torres Lobo, de 2do., y Alejandro Dopico Orduña, de 4to. Torres Lobo parte de sus funciones como técnico de conservación y restauración del Registro de Bienes Muebles de Santa Clara y su participación en el proyecto de estudio del Cementerio Municipal con miras a su declaratoria como Monumento Local; pero, en medio de la riqueza que allí se atesora, ¿por qué el panteón Asilo de los Pobres Santa Rosalía y San Pedro, escultura en mármol de carrara que data de 1883? Dos motivos resultan suficientes para su elección; uno de ellos, el hecho de que el sujeto investigador restaurador cursara sus estudios primarios en la Escuela Carlos J. Finlay, con sede en el antiguo Asilo de los Pobres, ubicado en Carretera Central entre San Pedro y Toscano; el segundo, por el hecho de tratarse de una de las múltiples obras ejecutadas en la ciudad bajo el espíritu benefactor de Martha y Rosalía Abreu, figuras de las que se enorgullecen los viñaclareños. (4)

Circunstancias de mayor pluralidad acompañan la decisión de Dopico Orduña, quien tras conocer la historia del coleccionismo privado y su papel en la formación de los museos públicos contemporáneos se apoya en un corpus teórico de sustancial validez para discernir en torno al valor documental que acompaña a toda obra como testimonio de época, un espacio geográfico o área cultural; formación que le conduce a legitimar y poner en valor un conjunto de 387 copias fotomecánicas en formato de postal que forman parte de un conjunto de más de 1000 piezas reunidas durante largos años por un amigo —artista y arquitecto— residente en Lawton. Como haría un antropólogo interesado en conocer los profundos intersticios de un grupo o sector social, todo resulta importante al sujeto; de ahí que se proponga registrar dentro de los valores de estas postales, además del lenguaje técnico artístico, el conjunto de elementos agregados que el uso y el tiempo han incorporado a cada uno de esos exponentes, tales como sellos timbrados, dedicatorias, fechas, remitentes y destinatarios, y firma de los usuarios, entre otros. Nada resulta superfluo al conservador restaurador, por el contrario, nada está cargado de banalidad para quien ha logrado entender, con profunda sensibilidad, el arte de esta profesión.

En tan fructíferas jornadas, agradezco la proyección de las estudiantes Yilian González Calzado y Lisbet Lora por el interés en proteger el legado de arte egipcio depositado por  Emilio Bacardí y Elvira Cape en el Museo Provincial de Santiago de Cuba; a Yosbany Rodríguez Osorio, por el recorrido virtual al Sitio Histórico de Birán, en Holguín; a Laura Eternod Arencibia y Adis Castellanos Martínez, por los estudios del Patrimonio de la Universidad de las Artes y a Karla Betancourt Rodríguez, por el patrimonio científico de la Universidad de La Habana; a Israel Corrales Vázquez, por su quehacer desde el Colegio de San Gerónimo en defensa de La Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad; a Alejandro Albela Acevedo, por su colaboración con el Centro de Estudio Comunitario de la Universidad Central de Las Villas para salvaguardar el conjunto de murales de Eriberto Manero. Les agradezco porque en sus proyectos está de algún modo la razón del CECRM.

Ante el jurado, organizado a tono con la diversidad de trabajos y enfoques, un grupo de especialistas de diversos saberes: como presidente el biólogo Julio César Rodríguez y, en condición de miembros, la licenciada en Artes Plásticas en la especialidad de escultura Miriam Duverger Sánchez; la licenciada en microbiología Betzaida Rodríguez Rosales; el licenciado en Conservación y Restauración de Bienes Muebles Javier Valdés León y la licenciada en Estudios Socioculturales Natalie Paz Vargas.

¿El desafío? La expresión de un proyecto de enseñanza en constante desarrollo, la búsqueda de una estrategia de conservación y restauración que dé respuesta a necesidades concretas, a las demandas que el patrimonio cultural cubano establece a los jóvenes restauradores en cada localidad, cada región y cada país; sin distinción entre el patrimonio que protegido mediante el sistema legislativo goza del amparo y reconocimiento social y aquel que, como signo identitario de una comunidad, merece igual consideración y respeto.

De plácemes estarán los laureados; enhorabuena para la conservación y restauración del patrimonio cultural cubano en el marco del 7mo Festival de las Artes.

 

 

 

Notas:

(1) V. Gaceta Oficial de la República de Cuba, 68 (83):1167, La Habana, miércoles 12 de noviembre de 1980.

(2) El CECRM ofrece un programa de cursos de posgrados y de extensión universitaria sobre diversas temáticas del Patrimonio Cultural en La Habana y otras provincias del país y fomenta convenios de colaboración con varias instituciones como el Archivo Nacional de Cuba, el Complejo de Museos Históricos Militares, Museo de la Revolución y Morro Cabaña, la Universidad de La Habana y la Dirección del Centro Provincial del Patrimonio Cultural de Guantánamo, entre otras. A solicitud de instituciones patrimoniales, y mediante el apoyo de sus gobiernos, ha prestado servicio de colaboración internacional a países del Caribe y América Latina, entre los que se encuentran Haití, Venezuela, Panamá y Colombia.

(3) Elton Pérez Pereira: “Reproducción de un detalle de los frescos de la cúpula de la Capilla Sixtina del Divino Miguel Ángel Buonorroti”.

(4) Michel Torres Lobo: “Limpieza del panteón dedicado a los pobres en el Cementerio Municipal de Santa Clara”.

Marcos Antonio Tamames Henderson

La ciudad como texto cultural

Por Marcos Antonio Tamames Henderson

Marcos Antonio Tamames Henderson (Jamaica, Guantánamo, 1961). Lic. Historia del Arte (1997), MSc. en Historia del Arte y en Conservación y Rehabilitación de Centros Históricos (2002). Miembro de la UNEAC, UNAIC y UNHIC. Tiene publicados los libros De la Plaza de Armas al Parque Agramonte. Iconografía, símbolos y significados (2001, 2da ed. 2003); Tras las huellas del patrimonio (2004); La ciudad como texto cultural. Camagüey 1514-1837 (2005); Una ciudad en el laberinto de la ilustración (2009), La cofradía de los signos urbanos (2012) y Calles y callejones de Camagüey. Entre la leyenda y la historia (2014). Premio Nacional de Investigación Cultural con la obra La ciudad como texto cultural: Camagüey entre 1514 y 1837.

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