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El club de corazones rotos… crece

Por Dulce María Sotolongo Carrington
Fuente CUBARTE 05.09.2015

Adrián Berzaín.
Adrián Berzaín.

Yo me quedo en el club

de los Corazones Rotos

donde algún alboroto

hace el amor con la luz.

Escuchando ese blues

que emborrache mis cartas

y si me hiciera falta

de recuerdo quedas tú.

 

En estos meses de vacaciones los televidentes cubanos disfrutamos en el horario de la noche por el canal Cubavisión, una hora de concierto con el cantautor Adrían Berazaín. Y aunque no estábamos en Pascuas como tantas veces repitió el cantante, pasamos un momento feliz junto al habanero trovador.

Con una sencillez poco usual en estos tiempos en los que la banalidad y el mal gusto cada vez ganan más terreno en nuestra música, fue gratificante ver a este joven que, guitarra en mano, filarmónica en boca y platillos en los pies, puso a un teatro repleto de un público heterogéneo donde no importó edad, ni extracción social o nivel intelectual para cantar piezas musicales que se caracterizan, fundamentalmente, por  su lirismo y profundidad en el pensamiento, a pesar de su ternura que permite ser aprendida  con facilidad. Un repertorio bastante amplio donde se nota la influencia del pop, del rock, la trova, el filin y hasta del bolero, sin dejar de pasar por nuestro folklor con canciones como la que le dedicara a la diosa del panteón yoruba Oshún.

Y es que Adrián es un joven  con tatuajes, un sombrerito que ya lo caracteriza y otros atuendos juveniles, pero un gusto en el que se denota una mayoría de edad musical con muchos años de preparación a pesar de ser autodidacta.

“No fue un niño de bicicletas y bolas —nos dice su madre y representante la ensayista, profesora universitaria, poeta y promotora María Eugenia Azcuy—, desde muy pequeño estuvo en contacto con la música y la poesía.  Todos sus juguetes tenían que ver con instrumentos musicales, como pianitos, trompetas, marímbulas, arcordeones,  flauta, a él siempre le gustó el sonido. En cuanto a la poesía, en los años ochenta había mucha fuerza en los talleres literarios y él siempre iba conmigo, conoció a los mejores poetas de Cuba, como a Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, con el que trabajé durante muchos años. También le gustaba mucho dibujar, finalmente estudió diseño en la Universidad.”

El propio Adrián define su generación de forma humorística pero real en la canción Matojo ya creció.

Nací en el 83

Nací 20 años después

Lo cual no significa nada

Cantaba Gardel.

 

De los Beatles quedaban 3 nada más

La rumba por mi vecindad

Los rusos por todos lados

Y me quedé con ganas de ir a Tarará.

 

Matojo ya creció

No es un dibujo animado

Hoy es un tipo ocupado

Que no sale en al televisión.

 

Mi infancia perdió la cuenta

Al llegar a los 90

De apagones y balseros

E historias que se perdieron.

 

Y me tocó la escuela al campo

Y el servicio militar

Algunos que no pasaron

Lo que otros pasaron más

 

Matojo ya creció

No es un dibujo animado

Hoy es un tipo ocupado

Que no sale en al televisión.

 

Y aunque Matojo no nado nada

Hay quien apostó por la escapada

No les va tan bien como quisieran

Pero no le queda manera.

 

Matojo ya creció

No es un dibujo animado

Hoy es un tipo ocupado

Que no sale en al televisión

El club de los corazones rotos está formado por jóvenes y viejos, profesionales y obreros, un arcoíris que enciende fosforeras y celulares  a una orden del cantante para  demostrar su complicidad con los temas que se cantan, que ya  lo sigue  en su deambular por toda la isla y en países como España , de donde acaba de venir. Es un club de martianos, que sube junto al trovador el Pico Turquino, acompañados de la canción dedicada a Martí o que se torna exigente cuando hace critica social y entonces aparece La Calle G con sus…

Vampiros, hombres lobos, freakis, emos y repas,

Rapers, mikys y skates.

Y está también el que no sabe ni lo que es.

Llégate a la calle G para saber por qué no hay nada más que hacer.

Este año fue ganador del Premio Cubadisco por su fonograma Si te hago una canción, en la categoría Trova Pop Rock. Además de ganar el premio de programa Cuerda Viva y con anterioridad había merecido un Premio Lucas. Ahora segura estoy que el Premio mayor para quien nos dice Se vale soñar es que integremos su club, yo diría de corazones restaurados por la música.

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