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Artistas plásticos por la cultura del barrio

Por Zulema Armas Mojena
Fuente CUBARTE 04.09.2015

Desarrollo cultural comunitario en Playa
Desarrollo cultural comunitario en Playa

Lograr el desarrollo cultural de un país es gran reto en cualquier lugar del mundo. El sostenimiento de sus tradiciones, el acercamiento de su gente a las diversas expresiones y lenguajes del arte, el fortalecimiento permanente de su identidad define el espíritu de una nación. 

Grandes esfuerzos se dedican cada día para favorecer el desarrollo cultural desde las diversas entidades que conforman nuestra sociedad. Y orgullosos estamos de que también muchas otras personas dedican tiempo y voluntad a esta tarea asumiendo con nobleza la responsabilidad individual por tener un país mejor. Este del que hablaremos, es un ejemplo.

Ubicado en calle 54 esquina a 21, en el municipio Playa, el espacio de trabajo del artista Rigoberto Mena ofrece posibilidades para las necesarias transformaciones en la localidad que le circunda. 

Luego de la Bienal, en que abrió el Estudio con la muestra Frontera, dada la extraordinaria presencia de la gente que entraba a la improvisada galería, el artista apuesta por mantener allí una opción cultural cercana y valedera. Por eso y otras buenas razones decide organizar un proyecto de apoyo al barrio en una dimensión cultural.

La vía utilizada para esa contribución es el arte. Desde los primeros días de julio la alegría de niños y el aprendizaje creativo en diversas líneas de trabajo abundó cada mañana en 54 y 21. Dibujo, atrezzo, narración oral, declamación, juegos teatrales, son algunas de las disciplinas que se abordaron.

Hoy allí se despliega una labor de sensibilización de la comunidad hacia el universo artístico, un acto sencillo pero genuino que acerca a los niños al universo del arte y aportará también a la formación de los públicos, el fomento de los valores y el acercamiento a la obra martiana. 

¿Y cómo transcurrieron los talleres en este verano?

Los talleres de dibujo, la opción más demandada…

Todos los sábados de julio y agosto se desarrollaron las clases de Dibujo impartidas por el joven y destacado artista Antoine Mena, quien ofrece el tiempo restado a su propia obra para compartir conocimientos y desarrollar habilidades plásticas en los pequeños que llegaron al estudio por estos días. 

Los sábados a las 10 de la mañana entraron puntuales y entusiasmados los niños con sus dibujos. Traían los encargos que el “profe” les dio para la casa. Uno de ellos le pide que “no les diga tarea, que esa es una palabra muy fuerte en tiempos de vacaciones”, y todos ríen. Porque también son eso estos talleres, encuentros para conversar de muchos temas y hacer amigos mientras aprenden sobre las artes plásticas.

La matrícula se detuvo en diecisiete porque ya eran muchos para poder desarrollar las individualidades. Otros, también interesados, deben esperar a diciembre, cuando termine el entrenamiento de este primer grupo. 

Antoine, el profe, todo calma y cercano a los niños, ha tenido otras experiencias para enseñar mientras hacía sus prácticas de Servicio Social hace ya algún tiempo, y comenta su satisfacción por el interés desplegado por los niños vecinos del Estudio y otros que han llegado de más lejos interesados por esta oportunidad.

Las edades fluctúan entre 9 y 15, con algunas pocas excepciones, como el pequeño Damián que con sus 5 años sorprende a todos con sus detalladas y abundantes manadas de elefantes, sus jirafas o sus rinocerontes, que de ningún modo —indica con fuerza— pueden lanzar agua por el orificio en lo alto de la cabeza, aunque le vaya bien a la composición general.

Y así van los talleres de dibujo desde este pequeño universo, que les aporta además el ejemplo creador que puede verse en la armonía del entorno, los artistas anfitriones y en las obras de arte que los rodean. Todo, expresión de rigor y calidad artística. 

¿Quién sabe si en adelante alguno de estos pequeños siga ese camino?

Los talleres de atrezzo. La opción de crear y reciclar…

Con Lidia, la artesana artista, se adentró más de una docena de niños y niñas en las habilidades de la técnica del papier maché. Engrudo, papel de viejos periódicos y pedazos de pomos plásticos, materiales comunes y de reciclado, fueron ingredientes para crear excelentes títeres personalizados.

En el encuentro por cerca de dos horas durante tres semanas, los pequeños crearon títeres con sus propias manos, junto a un montón de imaginación. Primero los cortes del plástico y esbozar las figuras; colocar la primera capa de papel engomado; correr por todo el patio detrás de los pedazos de papel que el viento fresco levantaba a cada rato; pegar y asentar capas, poner los títeres al sol; y lo más difícil… esperar.

Todo constituía una aventura. Era entonces el momento de explorar en el taller, saltar las piedras de los senderos, jugar a recolectar hojas de los árboles, buscar semillas, descubrir flores recién abiertas, y disfrutar hasta la hora de la merienda conjunta.

Así, con la algarabía inevitable y hasta deseada de los aprendices, llegaban nuevas instrucciones de la paciente y laboriosa profesora que iba de mano en mano, de títere en títere, para ayudar con la pega del ojo, la costura a mano del vestido, el ajuste del cuello apretado o suelto. Eso, hasta que llegó el esperado momento de dar color y poner accesorios, esos últimos detalles que darían la personalidad y hasta el nombre de los títeres que cobraron vida en este lugar. 

Y esa es la verdad de cómo nacieron Pupo, Rapunzel, Gallo Malayo, Loquito y muchos perritos y gaticos particulares, simpáticos e interesantes, que andan de paseo por el barrio, como el juguete especial de este verano.

Pero acá está la foto de todos esos atrevidos personajes reunidos con la profesora y sus creadores, que por supuesto, no puede faltar. Terminó el entrenamiento, pero ya han aprendido mucho de lo que pueden hacer y crear de esta manera.

Hoy también saben de la posibilidad e importancia de reciclar. Algo que agradecerá tanto nuestra naturaleza y que todos debemos hacer y lograr que igualmente otros hagan.

Los talleres de teatro. La opción de jugar a actuar…

Los talleres de teatro llegaron luego de la fiesta de los títeres para llenar de historias las mañanas del Estudio con su profe Zulema.

Se representaron las bodas de los títeres Pupo y Rapunzel, la Isla de los piratas, y la ofensiva de rescate de las sirenas con la perrita Loky o Loquita, porque también cambiaban de nombre y de historias con la mayor facilidad, en un aquelarre de fantasía interminable.

El juego teatral era el único hilo conductor en esos primeros días en que se asomaban al mundo del teatro. Un ámbito de edades que se erigían en todo un reto para el más experimentado pedagogo, desde pequeñitos de 4 años a jovencitas adolescentes de 12, todos mezclados.

Y en el medio de los juegos e historias se pudo hablar de las figuras del teatro, del público, la escena, la imagen del actor y sus herramientas naturales, la voz, la dicción y así entre juegos y risa fueron pasando historias, poesías, trabalenguas, adivinanzas, gestos y retratos, mientras se conformaba en sus gustos, un apego y una comprensión hacia esta hermosa forma de expresión artística que es el teatro.

La matrícula varía diariamente. Llegan dos nuevos, otros dos no vienen porque salieron a pasear con sus padres, una abuela pregunta si la nieta que pasa por allá unos días puede venir a ver, y claro, está abierto a todos los vecinos de 54 y 21. Pero así de flexibles han de ser los talleres de verano, para que puedan ser atractivos para los niños y no se conviertan en barreras a la libertad en sus días de merecido descanso.

Y algunos se aventuraron a tener su propio repertorio artístico para el comienzo del curso en la escuela o participar en las actividades de la cuadra, o del propio Estudio. Una hermosa sorpresa para los padres y vecinos cuando florezca en el patio del Estudio una nueva mirada contada por estos niños del taller, con Los zapaticos de rosa del amigo de los niños José Martí.

Y otras opciones continúan…

En las noches de miércoles el patio del Estudio se desbordó de vecinos, asistieron a ver películas proyectadas en la pared del patio y que fueron un pretexto también para salir de casa y compartir en familia grande. Filmes de aventuras, animados, las mejores películas cubanas, las muy vistas Havanastation o El ojo del canario se disfrutaron nuevamente en este encuentro colectivo. 

Hoy al Estudio Mena están vinculados directamente más de 50 niños en los talleres, y sus familiares y amigos de una forma u otra también se acercan. 

Terminó el verano con los talleres y estas opciones culturales, mas se mantiene el interés y crece el agrado de la gente por esta oportunidad en el mismo barrio. Los escépticos se van sumando y las opiniones en general demuestran que iniciativas como estas son siempre bienvenidas.

Continuarán en adelante los talleres para los niños y jóvenes, las proyecciones cinematográficas semanales, y está previsto programar visitas a centros de interés cultural y el intercambio con proyectos comunitarios liderados por otros artistas del municipio Playa.

Sin dudas, virtuoso es este país que ostenta hoy disímiles muestras de contribución comunitaria de artistas que como Mena tienen y despliegan la voluntad de hacer por favorecer el desarrollo cultural de su gente. Casi podríamos decir que estamos acostumbrados a hechos como este. Pero tal como a veces no percibimos lo real maravilloso que nos acompaña en nuestra vida, en ocasiones por frecuente o extendido, no ponderamos como merecen a aquellos que por altruismo y plena generosidad brindan a nuestro pueblo y hasta al mundo, muestras de desprendimiento tal.

Este Proyecto del Estudio Mena es una evidencia de la calidad humana de nuestros excelentes artistas. Él, con su accionar, expresa una actitud y una conducta de responsabilidad social que tanto sigue agradeciéndose en cada rincón del país, sin menoscabo, exclusión, ni desconocimiento de las instituciones culturales, sino todo lo contrario.

Que lo sencillo y cotidiano no nos deje pasar por alto la singularidad y valor de tal entrega.

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