• Icono de YouTube
  • Icono de Google Plus

CUBARTE

todo

9 de Mayo de 1945. Un gran triunfo sobre la barbarie

Por Angelina Rojas Blaquier
Fuente CUBARTE 11.05.2015

Victoria sobre el fascismo.
Victoria sobre el fascismo.

El 7 de mayo de 1945 la Alemania nazi se rindió incondicionalmente ante las fuerzas de los Aliados, y dos días después, el 9 de mayo, a las 9 de la mañana, hora de guerra del Este, se declara la fecha como Día de la Victoria. Dicho anuncio se realizó, de manera simultánea, por los Jefes de Estado de la URSS, Inglaterra y Estados Unidos, desde sus respectivos países, haciéndose un importante llamado a la lucha por alcanzar la verdadera paz mundial.

Eran las 8 de la mañana en La Habana. El pueblo, que tanto había contribuido a la derrota del fascismo, seguía jubiloso el acontecimiento, mientras el PSP hizo público un manifiesto oficial donde se destacaba la importancia de la rendición de Alemania y la grandeza del día de la Victoria de las Naciones Unidas, afirmando: Ahora podemos dejar paso libre a nuestra alegría y nuestro entusiasmo por festejar con todo el esplendor que se merece… el más grande triunfo de la historia... el fin de la larga pesadilla de sangre, horror… del nazismo; el fin de la destrucción y la muerte en suelos europeos; el fin de la amenaza a la libertad de los pueblos del mundo.

Setenta años después de aquella epopeya, aún cundo podemos constatar la existencia de guerras de todo tipo y denominación, promovidas o encabezadas vergonzosamente por algunos de aquellos Aliados que supuestamente buscaban la colaboración y la paz, vale destacar que, ciertamente, a los pueblos del mundo se les abrió una importante brecha para continuar avanzando, precisamente, hacia la conquista y afianzamiento de la libertad.

Trece años después de finalizada aquella Guerra, triunfó la Revolución cubana en el continente americano. Ello corrobora que, en verdad, aquellos alientos emancipatorios que radicalizaron el pensamiento y la acción de los habitantes de este continente y del mundo, se convertían, de hecho, en motivación de continuidad y antecedente hacia la ampliación y profundización de lo alcanzado, en colosal esfuerzo, por los hombres y mujeres de todos los confines del mundo, a cuya vanguardia aparece, inamovible, el heroico pueblo soviético.

Esa realidad se hace hoy evidente en nuestra Patria grande americana, que lucha por emanciparse, bajo el concepto nuevo de zona de paz, nacido de las características que han matizado la dinámica de las relaciones internacionales en los últimos 20 años, y la imposibilidad de cerrar a los pueblos el camino nacional liberador emprendido, dramáticamente influido por el devenir de aquella sangrienta contienda.

Como parte de las actividades dedicadas a evocar el 70 Aniversario de la Victoria de los pueblos sobre el fascismo, el acontecimiento más significativo de la historia del siglo XX a escala mundial, se efectuó en La Habana la conferencia teórica internacional “La cooperación soviética-latinoamericana durante la Segunda Guerra Mundial y la actualidad”, organizada por el Instituto Bring Bellingshausen para las Américas, la Sociedad de Historia de Rusia, el Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa”, y el Instituto de Historia de Cuba.

El foro, con la presencia de académicos e investigadores de El Salvador, Uruguay, Honduras, Rusia y Cuba, centró la atención de sus participantes en la necesidad de repensar y reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial, entendida como un esfuerzo internacional bélico común para aplastar al fascismo, que contó con la participación de los países latinoamericanos, entre los cuales Cuba tuvo una significativa participación.

Dicho concepto aporta una reinterpretación a aquellos sucesos, cuyo valor principal está en justipreciar la participación de los pueblos en aquella conflagración y su rol en el triunfo popular.

En las condiciones actuales, cuando las fuerzas extremas del oscurantismo y del progreso pugnan por lograr el desarrollo o la desaparición de nuestro planeta, el eco de la Segunda Guerra Mundial, a partir del resultado final del conflicto, indica la validez de la nueva mirada con la cual debe asumirse esa victoria.

Así, cuando desde algunos círculos de antiguos participantes en aquella sangrienta contienda, con gesto impositivo y manipulador, pretenden capitalizar para sí el aporte a la Victoria, subestimando inclusive las motivaciones, el sacrificio y solidaridad que movieron a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), desde la propia Rusia se propone una visión teórica actualizada, que sirva a los tiempos que corren, cuyo fundamento radica, precisamente, en repensar la participación del resto de los países del mundo en la Guerra, especialmente los latinoamericanos, definidos ya como “aliados olvidados” por algunos estudiosos rusos, y la necesidad de concederles la connotación real, más allá de los símbolos, a su contribución al triunfo aliado.

Esta nueva lectura de la historia de la Segunda Guerra Mundial, nacida de las características que asume hoy la globalización mundial con su consecuente polarización, al reconocer a los pueblos participantes en la coalición antifascista como actores de la victoria, hace justicia a una participación proporcionalmente decisiva, y mantiene viva la posibilidad de que una humanidad no sea sólo expectante de un posible nuevo holocausto, sino que, con su propio accionar y su propia historia, contribuya a seguir esclareciendo de qué parte están la verdad, la justicia, y el tipo de futuro hacia el cual  nos encaminamos, para actuar en consecuencia.

Durante los años de la Gran Guerra Patria, en todos los confines del mundo se organizaron los llamados “Comités de Ayuda a la URSS y demás pueblos que luchan contra el Fascismo”. Desde ellos se organizó el respaldo espiritual y material a los combatientes en los frentes de guerra. En esta denominación no se alude a gobiernos, sino a pueblos, concepto que incluye a los miles de millones de hombres y mujeres que siguen apostando a la paz, la cooperación, el entendimiento, el desarrollo… que siguen luchando por la felicidad y por la vida.

Pueblos que anhelan un mundo signado, como mínimo, por el espíritu y la letra de la Organización de Naciones Unidas, surgida tras el triunfo Aliado, y que aún hoy busca poner fin a las agresiones y las guerras, preservar la paz, incentivar el desarrollo y promover la cooperación entre todos los pueblos de la tierra, tal como se establece en su Carta fundacional.

Y son precisamente los pueblos que, abrazados como entonces al anhelo de verdad y de justicia, que admiraron y creyeron en aquel valeroso Ejército Rojo al que confiaron el futuro, impedirán una vez más el avance del gigante de las siete leguas, garantizando con ello la preservación de la especie humana.

Añadir nuevo comentario