En respaldo de la declaración de La Habana


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En respaldo de la declaración de La Habana. Discurso pronunciado por el Che, el 18 de septiembre de 1960

Compañeros:

Estamos reunidos una vez más, el pueblo y el Gobierno Revolucionario de Cuba, para dialogar sobre los acontecimientos que últimamente se han sucedido en esta parte del mundo, en el Continente americano, y para poner a consideración de ustedes la ratificación del Acuerdo tomado por la Asamblea General del Pueblo en La Habana.

Bueno es recordar que la Declaración de La Habana, como se conocerá de ahora en adelante en la Historia, es la respuesta del pueblo cubano, reunido en Asamblea General, a las agresiones imperialistas fraguadas en San José de Costa Rica por el “amo” Herter y sus “lacayos” de América. (Gritos)

Bueno es recordar también que todo el avance revolucionario de este año y medio, plagado de acontecimientos importantísimos para la historia de América, constituye una respuesta constante del pueblo a las agresiones del extranjero, o de los latifundistas, o de cualquier tipo de contrarrevolucionario interno.

Empezamos en los días siguientes al primero de enero de 1959, ajusticiando a todos los criminales de guerra convictos de crímenes terribles contra la humanidad. Se desató entonces la primera campaña de los periódicos yanquis y de toda la prensa mercenaria en el Continente americano, condenando los fusilamientos en nombre de la humanidad, de esa misma humanidad a la cual no habían acudido aquí en Cuba, como en muchas partes de América, se asesinaba al pueblo inmisericordemente. Y la respuesta del Gobierno Revolucionario fue convocar a su pueblo entero frente al Palacio de gobierno, en La Habana, para que dijera de cuerpo presente si quería o no justicia revolucionaria. Y ustedes recuerdan como el pueblo entero se pronunció por esa justicia revolucionaria y contra la intromisión del extranjero en nuestras leyes y en nuestro desarrollo.

Cuando se aprobó la Ley de Reforma Agraria, inmediatamente empezó la campaña que no ha acabado hasta hoy contra todos los miembros del Gobierno, acusándonos de crímenes inicuos y acusándonos también de ser la “cabeza de playa” del comunismo internacional, entronizada aquí en América. Nos acusaban, entre otras cosas de que aquí en Camagüey había una base de cohetes, de que en el sur de nuestra Isla había una base de submarinos, de que de aquí partían todas las agresiones contra el coloso del Norte.

Y parece que nos consideran en verdad un peligroso adversario. Fíjense ustedes que ahora, al iniciarse en la Organización de Naciones Unidas una conferencia general más, solamente hay cuatro gobernantes del mundo entero que tienen el alto privilegio y el alto honor de ser execrados por la plutocracia yanqui, y uno de esos cuatro gobernantes es, precisamente, nuestro Primer Ministro Fidel Castro.

Precisamente, eso nosotros debemos preguntarnos: ¿qué tiene Fidel, que tanto le preocupa a los norteamericanos? ¿Qué tiene el pueblo de Cuba, pequeña isla subdesarrollada -como nos llaman ellos- de seis millones de habitantes apenas, que está comparada en el odio yanqui hoy con la Unión Soviética, de más de 200 millones de habitantes, dueña de los más poderosos elementos de destrucción de la tierra, dueña del más poderoso ejercito del mundo, y enemiga declarada de los Estados Unidos? ¿Qué tiene Cuba, que pueda compararse con la China Popular, de 650 millones de habitantes, la nación más poblada de la tierra, y la segunda potencia del mundo socialista? ¿Qué es lo que tiene Cuba?, ¿cuál es el peligro de la Revolución cubana? Y el peligro de la Revolución cubana, hombres y mujeres de Camagüey, el peligro son ustedes y somos nosotros; el peligro es que se riegue por América esto que estamos haciendo, que se riegue por América la costumbre de dialogar con el pueblo y pedirle consejo al pueblo, cada vez que sea necesario, porque cuando se le pregunta a cualquier pueblo de América que es lo que hay que hacer con los latifundistas, todos los pueblos contestarán igual que ustedes, ¡todos condenarán el latifundio!

Y cuando, pasando de lado las muchas veces mentirosa urna electoral, se pregunte directamente al pueblo de América quién es el enemigo de ese pueblo, quién ha atentado durante cincuenta años contra su desarrollo, quién ha puesto gobernantes que masacraban a su pueblo, como Trujillo o como Somoza, todo el pueblo de América contestará que el Gobierno de los Estados Unidos es el culpable del más terrible de los crímenes, de haber favorecido el genocidio de un inmenso Continente y de estar todavía manteniendo con sus fusiles, como aquí lo hizo con Batista, la opresión de unos pocos sobre el pueblo entero de América. Por eso nos temen, por eso quieren aislarnos y quieren destruirnos, porque tienen miedo de que este ejemplo cunda y de que por toda América florezcan las cooperativas, y por toda América se extinga el latifundio, y, antes que todo eso, por toda América empiecen a nacer las barbas guerrilleras y toda la Cordillera de los Andes se convierta en otra Sierra Maestra.

A eso le temen, a nuestro ejemplo. Ellos saben que es mentira lo de los cohetes de Camagüey, como lo saben todos ustedes; ellos saben que es mentira lo de la base de submarinos, como todos ustedes lo saben; ellos saben que este Gobierno no se ha vendido a ningún otro Gobierno de la tierra, y que si algún día, para prestarnos su ayuda, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o el Gobierno de China Popular, o cualquier potencia de la tierra, pusiera como condición entregar algo de nuestra soberanía o de nuestra dignidad, en ese mismo momento Cuba rompería con cualquier potencia que se animara a plantear eso. Porque si nosotros hemos aceptado la ayuda de la Unión Soviética y la mano fraterna que nos tendieran todas las potencias socialistas, es precisamente porque lo han hecho sin anteponer condición política alguna.

Ellos saben bien que nuestras condiciones no son similares, ellos saben bien que aquí no está establecido el socialismo; simplemente, ellos nos brindan su ayuda para que nosotros pudiéramos seguir nuestro camino libremente elegido, y por eso la aceptamos, porque ninguna condición manchó esa ayuda, porque esas armas que ustedes ven, esas armas que son vendidas por el gobierno de la República Checoslovaca, fueron entregadas sin ninguna condición; no hay pacto de ninguna especie que nos ate en el uso de esas armas; esas son nuestras, para defender nuestra soberanía, y no hay ninguna otra condición que las ate.

Y la historia de las armas es otro de los empleos que no les gusta a ellos, ¿por qué están esas armas aquí? ¿fuimos nosotros a buscarlas desde el primer momento a Checoslovaquia, o no recuerdan todos como estuvimos por todos los países de Europa, tratando de comprar armas y aviones, y cómo se realizó toda una colecta popular para poder comprar esos aviones y esas armas?

¿Pero cuál fue la respuesta del imperio? Presionar a todos los gobiernos de Europa, los sometidos a su esfera de influencia, para que no llegara ni una bala a Cuba y el último gobierno, que hasta hace poco había resistido las presiones imperiales, nos ha comunicado también que no nos enviarán más fusiles. Nosotros teníamos la gran disyuntiva: o nos atacan por comunistas, aceptando ayuda de los países socialistas, o nos liquidan por imbéciles, cruzándonos de brazos aquí.

Y el pueblo cubano, compañeros, hace tiempo que no se le puede engañar con palabras, con promesas, con actitudes vacías. Cuando se nos puso en ese dilema, nosotros aceptamos el reto y aquí están las armas checas y pronto volaran los cielos aviones de cualquier potencia que nos los vendan, y habrá tanques de otras potencias y habrá cañones, y habrá bazucas, y habrá ametralladoras, y habrá proyectiles de todo tipo para esas armas, compradas a quien nos las venda.

Y es un ejemplo, que no le gusta tampoco a los yanquis.

Hace tiempo pasó igual con la democracia guatemalteca.

Un buen día no le vendieron más armas, empezaron a ponerse viejos los fusiles y a acabarse los cartuchos, y aquella democracia empezó a buscar armas con que defenderse de una agresión que estaban preparándole, precisamente quienes no les vendían las armas. Y cuando al final, en el uso de su legítimo derecho, compró algún puñado de fusiles en un país socialista, entonces vino la agresión, porque no se podía permitir que tan cerca del Canal de Panamá hubiera una base comunista. Y entonces los aviones piratas, que sí podían, sin embargo, salir sin ninguna insignia de los aeropuertos de Panamá, bombardeaban inmisericordemente al pueblo guatemalteco hasta reducir al gobierno y sumirlo en la miseria, en el oprobio en que está hoy en día. Eso es lo que quieren y cuando ven el ejemplo de Cuba sufren y sufren mucho, porque esas reacciones bestiales son hijas del despecho, son hijas del sufrimiento de quien ve, de una vez y para siempre, disminuidos sus privilegios imperiales.

Ellos tratan de confinar a Fidel Castro en una parte mínima de su territorio, contra todo derecho; ellos tratan de asesinarlo también, si es posible; ellos tratan de destruir nuestra democracia, les gustaría pisotear a nuestro pueblo y masacrarlo. Y cuando le llegó de pronto la advertencia de los cohetes soviéticos tuvieron que reemplazar toda esa descarga que pensaban echar sobre nuestro pueblo, por palabras altisonantes, y tuvieron que guardarse su furia y por eso están así; son igual que las fieras, que cuando están acorraladas y heridas se vuelven más peligrosas y más agresivas. Así esta el imperialismo yanqui hoy, acorralado por las fuerzas que quieren su liberación en el mundo entero, azotados todos los gobiernos títeres por los pueblos que día a día claman por su libertad, en peligro de perder sus privilegios, en peligro de ver hundirse toda la riqueza que amasaron con el sudor y la sangre de los pueblos por eso están así, por eso rugen de impotencia, por eso atacan al que se le acerca, como los perros enfermos de rabia.

Conocido todo esto, conocida la importancia de la Declaración de La Habana, conocidos los antecedentes y el porqué de esa declaración, procederemos a leerla y si ustedes están de acuerdo al finalizar la lectura, la ratificarán levantando la mano.

 

DECLARACIÓN DE LA HABANA

Junto a la imagen y el recuerdo de José Martí, en Cuba, Territorio Libre de América, el pueblo, en uso de las potestades inalienables que dimanan del efectivo ejercicio de la soberanía expresada en el sufragio directo, universal y público, se ha constituido en Asamblea General Nacional.

En nombre propio y recogiendo el sentir de los pueblos de Nuestra América, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba:

1 - Condena en todos sus términos la denominada “Declaración de San José de Costa Rica” documento dictado por el imperialismo norteamericano y atentatorio a la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos hermanos del Continente.

2 - La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba, condena enérgicamente la intervención abierta y criminal que durante más de un siglo ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre todos los pueblos de la América Latina, pueblos que más de una vez han visto invadido su suelo en México, Nicaragua, Haití, Santo Domingo o Cuba, que han perdido ante la voracidad de lo imperialistas yanquis, extensas y ricas zonas como Tejas, centros estratégicos vitales como el Canal de Panamá, países enteros como Puerto Rico convertido en territorio de ocupación; que han sufrido, además, el trato vejaminoso de los Infantes de Marina, lo mismo contra nuestras mujeres e hijas que contra los símbolos más altos de la historia patria como a efigie de José Martí.

Esa intervención, afianzada en la superioridad militar, en tratados desiguales y en la sumisión miserable de gobernantes traidores, ha convertido a lo largo de más de cien años a Nuestra América, - la América que Bolívar, Hidalgo, Juárez, San Martín, O'Higgins, Sucre, Tiradentes y Martí quisieron libre - en zona de explotación, en traspatio del imperio financiero y político yanqui, en reserva de votos para los organismos internacionales en los cuales los países latinoamericanos hemos figurado como arrias de “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”

La Asamblea General Nacional del Pueblo declara, que la aceptación por parte de gobiernos que asumen oficialmente la representación de los países de América Latina de esa intervención continuada e históricamente irrefutable, traiciona los ideales independentistas de sus pueblos, borra su soberanía e impide la verdadera solidaridad entre nuestros países, lo que obliga a esta Asamblea a repudiarla a nombre del pueblo de Cuba y con voz que recoge la esperanza y la decisión de los pueblos latinoamericanos y el acento liberador de los próceres inmortales de Nuestra América.

3 - La Asamblea General Nacional del Pueblo rechaza asimismo el intento de preservar la Doctrina de Monroe, utilizada hasta ahora, como lo previera José Martí, “para extender el dominio en América” de los imperialistas voraces, para inyectar mejor el veneno también denunciado a tiempo por José Martí, “el veneno de los empréstitos, de los canales, de los ferrocarriles...” Por ello, frente al hipócrita panamericanismo que es solo predominio de los monopolios yanquis sobre los intereses de nuestros pueblos y manejo yanqui de gobiernos posternados ante Washington; la Asamblea del Pueblo de Cuba proclama el latinoamericanismo liberador que late en Martí y Benito Juárez.

Y, al extender la amistad hacia el pueblo norteamericano - el pueblo de los negros linchados, de los intelectuales perseguidos, de los obreros forzados a aceptar la dirección de gangsters - reafirma la voluntad de marchar “con todo el mundo y no con una parte de él”.

4 - La Asamblea General Nacional del Pueblo declara, que la ayuda espontáneamente ofrecida por la Unión Soviética a Cuba en caso de que nuestro país fuere atacado por fuerzas militares imperialistas, no podrá ser considerada jamás como un acto de intromisión, sino que constituye un evidente acto de solidaridad y que esa ayuda, brindada a Cuba ante un inminente ataque del Pentágono yanqui, honra tanto al gobierno de la Unión Soviética que la ofrece, como deshonran al gobierno de los Estados Unidos sus cobardes y criminales agresiones contra Cuba.

Por tanto, la Asamblea General del Pueblo declara ante América y el mundo, que acepta y agradece el apoyo de los cohetes de la Unión Soviética si su territorio fuere invadido por fuerzas militares de los Estados Unidos.

5 - La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba niega categóricamente que haya existido pretensión alguna por parte de la, Unión Soviética y la República Popular China de “utilizar la posición económica, política y social de Cuba para quebrantar la unidad continental y poner en peligro la unidad del hemisferio”. Desde el primero hasta el último disparo, desde el primero hasta el último de los veinte mil mártires que costó la lucha para derrocar la tiranía y conquistar el poder revolucionario, de la primera hasta la última ley revolucionaria, desde el primero hasta el último acto de la Revolución, el pueblo de Cuba ha actuado por libre y absoluta determinación propia, sin que, por tanto, se pueda culpar jamás a la Unión Soviética o a la República Popular China de la existencia de una Revolución que es la respuesta cabal de Cuba a los crímenes y las injusticias instauradas por imperialismo en América.

Por el contrario, la Asamblea General Nacional del Pueblo Cuba entiende que la política de aislamiento y hostilidad hacia la Unión Soviética y la República Popular China preconizada por el gobierno de los Estados Unidos e impuesta por éste a los gobiernos de la América Latina y la conducta guerrerista y agresiva del gobierno norteamericano y su negativa sistemática al ingreso de la República Popular China en las Naciones Unidas, pese a representar aquélla la casi totalidad de un país de más seiscientos millones de habitantes, sí ponen en peligro la paz y la seguridad del hemisferio y del mundo.

Por tanto, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba ratifica su política de amistad con todos los pueblos del mundo, reafirma su propósito de establecer relaciones diplomáticas también con todos los países socialistas y desde este instante, en uso de su soberana y libre voluntad, expresa al Gobierno de la República Popular China, que acuerda establecer relaciones diplomáticas entre ambos países y que, por tanto, quedan rescindidas las relaciones que hasta hoy Cuba había mantenido con el régimen títere que sostienen en Formosa los barcos de la Séptima Flota yanqui.

La Asamblea General Nacional del Pueblo reafirma – y está segura de hacerlo como expresión de un criterio común a los pueblos de la América Latina-, que la democracia no es compatible con la oligarquía financiera, con la existencia de la discriminación del negro y los desmanes del Ku-Kus- Klan, con la persecución que privó de sus cargos a científicos como Oppenheimer, que impidió durante años que el mundo escuchara la voz maravillosa de Paúl Robeson, preso en su propio país, y que llevó a la muerte, ante la protesta y el espanto del mundo entero y pese a la apelación de gobernantes de diversos países y del Papa Pío XII, a los esposos Rosemberg.

La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba expresa la convicción cubana de que la democracia no puede consistir sólo en el ejercicio de un voto electoral que casi siempre es ficticio y esta manejado por latifundistas y políticos profesionales, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir, como ahora lo hace esta Asamblea del Pueblo, sus propios destinos. La democracia, además, sólo existirá en América Latina cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos - por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los5 sistemas jurídicos-, a la más ominosa impotencia.

Por eso, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba:

Condena el latifundio, fuente de miseria para el campesino y sistema de producción agrícola retrógrado e inhumano; condena los salarios de hambre y la explotación inicua del trabajo humano por bastardos y privilegiados intereses; condena el analfabetismo, la ausencia de maestros, de escuelas, de médicos y de hospitales; la falta de protección a la vejez que impera en los países de América; condena la discriminación del negro y del indio; condena la desigualdad y la explotación de la mujer; condena a las oligarquías militares y políticas que mantienen a nuestros pueblos en la miseria, impiden su desarrollo democrático y el pleno ejercicio de su soberanía; condena las concesiones de los recursos naturales de nuestros países a los monopolios extranjeros como política entreguista y traidora al interés de los pueblos; condena a los gobiernos que desoyen el sentimiento de sus pueblos para acatar los mandatos de Washington; condena el engaño sistemático a los pueblos por órganos de divulgación que responden al interés de las oligarquías y a la política del imperialismo opresor; condena al monopolio de las noticias por agencias yanquis, instrumentos de los trusts norteamericanos y agentes de Washington; condena las leyes represivas que impiden a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes y los intelectuales, a las grandes mayorías de cada país, organizarse y luchar por sus reivindicaciones sociales y patrióticas; condena a los monopolios y empresas imperialistas que saquean continuamente nuestras riquezas, explotan a nuestros obreros y campesinos, desangran y mantienen en retraso nuestras economías, y someten la política de la América Latina a sus designios e intereses.

La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena, en fin, la explotación del hombre por el hombre y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista.

En consecuencia, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba proclama ante América: El derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los niños a la educación; el derecho de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; el derecho de los jóvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; el derecho de los negros y los indios a la dignidad plena del hombre; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y política; el derecho del anciano a una vejez segura; el derecho de los intelectuales, artistas y científicos, a luchar con sus obras, por un mundo mejor; el derecho de los Estados a la nacionalización de los monopolios imperialistas, rescatando así las riquezas y recursos nacionales; el derecho de los países al comercio libre con todos los pueblos del mundo; el derecho de las naciones a su plena soberanía; el derecho de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas, y a armar a sus obreros, a sus campesinos, estudiantes, intelectuales, al negro, al indio, a la mujer, al joven, al anciano, a todos los oprimidos y explotados, para que defiendan, por si mismos, sus derechos y sus destinos.

La Asamblea Nacional dcl Pueblo de Cuba postula:

El deber de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes, de los intelectuales, de los negros, de los indios, de los jóvenes, de las mujeres, de los ancianos, a luchar por sus reivindicaciones económicas, políticas y sociales; el deber de las naciones oprimidas y explotadas a luchar por su liberación; el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que estos se encuentren y la distancia geográfica que los separe.

¡Todos los pueblos del mundo son hermanos!

La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba reafirma su fe en que la América Latina marchará pronto, unida y vencedora, libre de las ataduras que convierten sus economías en riqueza enajenada al imperialismo norteamericano y que le impiden hacer oír su verdadera voz, en las reuniones donde Cancilleres domesticados hacen de coro infamante al amo despótico. Ratifica, por ello, su decisión de trabajar por ese común destino latinoamericano que permitirá a nuestros países edificar una solidaridad verdadera, asentada en la libre voluntad de cada uno de ellos y en las aspiraciones conjuntas de todos.

En la lucha por esa América Latina liberada, frente a las voces obedientes de quienes usurpan su representación oficial, surge ahora, con potencia invencible, la voz genuina de los pueblos, voz que se abre paso des de las entrañas de sus minas de carbón y estaño; desde sus fábricas y centrales azucareros, desde sus tierras enfeudadas, donde rotos, cholos; gauchos, jíbaros, herederos de Zapata y de Sandino, empuñan las armas de su libertad, voz que resuena en sus poetas y en sus novelistas, en sus estudiantes, en sus mujeres y en sus niños, en sus ancianos develados.

A esa voz hermana, la Asamblea del Pueblo de Cuba le responde:

¡Presente! Cuba no fallará. Aquí está hoy Cuba para ratificar, ante América Latina y ante el mundo, como un compromiso histórico, su dilema irrenunciable: «Patria o Muerte»

Antes de proceder a la votación que ratifique esta Asamblea General del Pueblo, quisiera hacer algunas consideraciones sobre cada uno de los puntos más importantes de esta Declaración. Porque esta es una Declaración histórica que vivirá mientras haya historia en el mundo. Este es el primer grito de libertad autentica, razonada, que un pueblo de América da a los oídos del mundo entero. Aquí se desenmascara, y esto es lo importante, la verdadera esencia de la democracia norteamericana. Es la democracia donde un gran cantor negro Paúl Robeson porque era negro y porque luchaba por el derecho de los negros a ser tratados como seres humanos fue mantenido a veces directamente en prisión y otras veces fue mantenido en la gran prisión que es los Estados Unidos, para quienes no piensan como los opresores imperialistas.

La democracia norteamericana es la democracia que asesina a los esposos Rosemberg pero que antes de asesinarlos, condenándolos por espías, les planteó un dilema terrible: ese matrimonio, un par de intelectuales humildes, honrados, que se habían ganado su sustento trabajando día a día, estaban condenados a muerte pero podían salvarse, la única condición -la que siempre pide e imperio- era entregar su dignidad. Si ellos se confesaban agentes de una potencia extranjera, si ellos confesaban un delito que no habían cometido podían salvarse; pero si ellos proclamaban su inocencia ante el mundo, estaban irremisiblemente condenados, como lo estuvieron, porque fueron ejecutados.

Esa es la esencia de la democracia yanqui: la hipocresía como norma de acción. Y aquel matrimonio deja para el mundo un recuerdo sencillo y emocionante cuando dijeron, más o meno así: “Somos jóvenes, tenemos hijos, amamos la vida, y no queremos morir; pero el precio que se pide por nuestra vida es demasiado grande, y frente a eso preferimos morir”

Así fueron al suplicio los esposos Rosemberg, condenados en el momento en que el “macarthismo” se extendía por Estados Unidos, condenados por presuntos comunistas y por pertenecer a la religión o al pueblo hebreo.

También son ellos los que condenan al linchamiento a los negros del sur; son ellos los que linchan a algún muchacho negro que mirara demasiado a alguna mujer blanca; son ellos los que establecen en todo la división entre los hombres; son ellos los que golpean y masacran a todos los que se les oponen. Y esta bien claro que al aprobar esta resolución de la Asamblea General, el pueblo establece desde ya la misma disyuntiva que establecieron los esposos Rosemberg: la vida es muy linda, la vida vale la pena vivirla, pero si como precio de esa vida se exige la dignidad de un pueblo ¡entonces es preferible morir! Y ese es el dilema que se plantea en el final de la Declaración de La Habana, dicho simplemente en tres palabras: Patria o Muerte

Pero, además, la Declaración de La Habana toma posición frente a dos de las plagas más grandes que ha tenido la humanidad: frente al latifundio, explotador de por sí, condenándolo en todas sus formas, por lesivo a la dignidad humana; y además, establece, por primera vez en América y ante el mundo entero, apoyado por todo un pueblo, la afirmación que todos hubiéramos querido ver desde hace muchos años y haber nacido bajo su advocación: la Declaración de La Habana condena la explotación del hombre por el hombre y establece como aspiración fundamental de los pueblos el que desaparezca totalmente esta explotación, el que no se pueda decir que en un pueblo haya una sola persona que explota a uno solo de los ciudadanos de ese pueblo.

Esa es nuestra aspiración, es la aspiración por la que lucha lo mejor del mundo, durante años y años, y en la que han dejado sus huesos, sus cuerpos, muchos mártires en todos los países del mundo.

Si esta Asamblea del Pueblo de Camagüey está de acuerdo con todos los pronunciamientos establecidos en la Declaración de La Habana; si condena conscientemente el latifundio; condena a la sedicente democracia yanqui, como falsa y explotadora de los pueblos; si establece como aspiración fundamental de los pueblos la abolición de la explotación del hombre por el hombre; ¡que todos los que estén de acuerdo levanten la mano! (La totalidad de los presentes levanta sus manos y prorrumpen en gritos: “¡Ya votamos!, ¡Ya votamos!”)

Bien, compañeros: aprobada por aclamación la Declaración de La Habana, vamos a poner en consideración de ustedes el texto de un telegrama que enviamos a nuestro Primer Ministro, estableciendo precisamente las conclusiones a que hemos arribado hoy. El telegrama dirá, si ustedes lo aprueban:

“Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. En la misma Plaza en que hace más de un siglo Joaquín de Agüero, José Tomas Betancourt, Fernando de Zayas y Miguel Benavides ofrendaron sus vidas generosas, luchando por la libertad política y la justicia social de la Patria, el pueblo de Camagüey, constituido en Asamblea General Provincial, acuerda: Primero, ratificar en todos sus puntos la histórica Declaración de La Habana; segundo: respaldar su firme actitud en la denuncia de la explotación imperialista norteamericana a los pueblos subdesarrollados de la América Latina y del mundo; tercero: exhortar a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas a la eliminación de los planes guerreristas del imperialismo yanqui, para facilitar así la conquista definitiva de la paz mundial; cuarto: jurar, con el ejemplo de Ignacio Agramonte y de todos los que cayeron por la felicidad de nuestro pueblo, mantenernos unidos y decididos para defender el suelo de la Patria de toda agresión proveniente del “norte revuelto y brutal que nos desprecia” Con las banderas de la patria desplegadas, Camagüey proclama que ¡Venceremos!, ¡Patria o Muerte! (Ovación y gritos de «Venceremos, Venceremos»)

Queda a consideración de ustedes el texto de esta comunicación, y los que la aprueben que levanten la mano. La totalidad de los presentes levanta la mano. (Gritos de ¡aprobamos, aprobamos!)

Con el firme convencimiento de que a esta Asamblea General Provincial de Camagüey seguirán otras, apoyadas por las manos puras de sus obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y pueblo en general, y por los fusiles de nuestro Ejército Revolucionario y de nuestras milicias, es que declaramos cerrada esta Primera Asamblea General del Pueblo de Camagüey.

Vamos a cantar todos nuestro glorioso Himno Nacional.

De pie. (Se entona el Himno Nacional, siendo cantado por todos los presentes)


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